Nuestros Hijos, Blancos de Satanás
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos (Deuteronomio 6:6,7).
Los niños y adolescentes cristianos que pueblan escuelas, asisten a las iglesias y viven en nuestros hogares son los blancos de la estrategia de Satanás. Muchos jóvenes cristianos escuchan voces como si un yo subconsciente les hablara. Satanás procura destruir nuestras familias e iglesias seduciendo a nuestros niños para alejarlos de sus padres y de Dios (1 Timoteo 4:1).

¿Cada pensamiento malo que se nos ocurre es la «voz» del diablo o de un demonio? No. La carne (esa parte de nuestro cerebro que nos urge a que vivamos independientes de Dios y centremos nuestros intereses en nosotros mismos) también nos mete pensamientos pecadores y sugiere obras malas. Además, lo que ingresamos por la vía de las películas, la música, los libros, los programas de la televisión —todos del mundo— también introduce malas ideas en nuestra mente. A medida que crecemos en Cristo vamos aprendiendo a decir que no a las obras de la carne y a caminar en el Espíritu.

Pero el mundo y la carne no son los únicos culpables aunque tendemos a echarles la culpa de la mayoría de las cosas. El diablo y las fuerzas espirituales de maldad (Efesios 6:12) trabajan hábilmente metiendo en nuestra mente sugerencias malas en forma de pensamientos o voces interiores. Debemos aprender a distinguir la sutil influencia personal de Satanás y resistirlo, tal como aprendemos a tratar las influencias del mundo y de la carne. Además debemos enseñar a nuestros hijos que hagan lo mismo. Sea que los malos pensamientos de su hijo vengan del mundo, la carne o del diablo, usted debe ayudarlo a que lleve «cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo» (2 Corintios 10:5).

Nuestros hijos no hablan mucho de la seducción de Satanás en sus vidas porque la mayoría de ellos ignora que el diablo está metido en esto. Satanás es el gran engañador que no se mete en las vidas acompañado por una orquesta de vientos sino que se infiltra sutilmente reptando a través de las oportunidades que le dan y le damos. Los niños se culpan a sí mismos porque no les hemos enseñado que dice la Biblia sobre las estrategias de Satanás; así, su sentimiento de culpa y miedo al castigo contribuyen a tenerlos más callados.

Dios Padre, te ruego que sientes el precedente normativo de verdad para derrotar al enemigo en las vidas de mis hijos; ayúdame a enseñarles a que resistan ellos mismos al enemigo.
 

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