Nuestra dinámica Fuente de Poder
…y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza… (Efesios 1:19).
En Efesios 1:19-21 Pablo nos da un atisbo de la fuente dinámica de nuestra autoridad en Cristo. Explica que la autoridad que está a nuestra disposición fluye del reservorio de poder que levantó a Jesucristo de entre los muertos y le sentó a la diestra del Padre. Esa fuente de poder es tan dinámica que para describirla Pablo usó cuatro diferentes palabras griegas en el versículo diecinueve: poder (dunameos), operación (energeian), fuerza (kratous) y poder (ischuos).

La potentísima obra de poder de Dios subyace a la resurrección del Señor Jesucristo que registra la Palabra de Dios. Ese mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos y derrotó al diablo es el poder disponible para que nosotros venzamos las obras de Satanás en nuestra vida diaria.

Pablo abre nuestros ojos al expansivo alcance de la autoridad de Cristo que está «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero» (Efesios 1:21). Piense en los más poderosos e influyentes dirigentes políticos o militares que hay en el mundo. Imagínese a los más temibles terroristas, leyes del crimen y narcotraficantes. Piense en las célebres figuras pasadas y presentes que han apestado a la sociedad con sus fechorías diabólicas. Piense en el diablo y todos los poderes de las tinieblas que él manda. La autoridad de Jesús no solamente está por encima de todas esas autoridades humanas y espirituales tanto pasadas como presente y futuras sino que El está muy por sobre ellos. Nosotros compartimos la misma posición porque estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales, cosa que nos faculta para vivir libres y triunfantes respecto de la influencia e intrusión demoníacas.

No se engañe, usted no está sometido a la autoridad del diablo ni bajo su poder. Usted está en Cristo por encima de todo gobierno, autoridad y poder demoníacos.

¡Qué pensamiento tan liberador es el de reinar contigo Señor! Te alabo hoy por el poder del cual me haces participe.
 

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