Febrero 28, 2013. Omnisciencia

Las Escrituras claramente revelan que Dios “todo lo sabe”. “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito” (Sal. 147:5). Él tiene perfecto conocimiento del pasado (Mal. 3:16), y del futuro (Is. 46:9-10). Él nos conoce desde la eternidad pasada (Ef. 2:10), y “porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Rom. 8:29). Es por causa de la omnisciencia de Dios que David instruyó a Salomón a servir a Dios con todo su corazón, “porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos” (1 Cró. 28:9). Ésta verdad también es enseñada en Hebreos 4:13; “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. El pecado secreto en la tierra es escándalo público en el cielo.

La omnipresencia de Dios explica parcialmente Su omnisciencia. Como Él está en todos lados en todo momento, está completamente consciente de todo. Mientras que la humanidad está restringida por el tiempo, Dios es eterno. Nosotros entendemos los eventos según suceden en el tiempo y razonamos de acuerdo con ellos, pero Dios ve el pasado, el presente y el futuro de manera simultánea. Para Dios, todo es “un eterno ahora”. Aquello que una mente finita ve en una secuencia, es visto por Dios inmediatamente en su totalidad.

Es imposible conocer el futuro sin tener control sobre él. Esto crea un problema lógico para cualquier mente finita. ¿Cómo pueden las Escrituras pregonar tanto la soberanía de Dios y el libre albedrío de la humanidad dado que vamos a tener que rendir cuentas sobre nuestras decisiones (2 Co. 5:10)? El conocimiento eterno de Dios sobre el futuro requiere un cierto nivel de predeterminación. En maneras que no podemos plenamente entender, Dios es coparticipe con la humanidad al tomar decisiones realmente libres en tal manera que Dios conoce a ciencia cierta el resultado final.

El hecho de que Dios conoce todas las cosas es claro por medio de las Escrituras, pero cómo puede Él conocer todas las cosas, nosotros no lo podemos comprender. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8-9).

Francis Bacon dijo, “No podemos pensar demasiado a menudo que existe un ojo que nunca duerme que lee nuestra mente y y hace un registro de nuestros pensamientos”. La gente que se comporta de manera diferente cuando está sola que cuando está acompañada usualmente ignora el hecho de que siempre está viviendo a plena vista de Dios. Conocer esta verdad sobre Dios podría producir muchísima culpa si no supiéramos que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1). Si no quiere que Dios sepa lo que está haciendo o pensando, no lo piense o no lo haga.

La omnisciencia de Dios es una gran bendición para los creyentes. Primero, podemos saber que lo que Dios ha dicho ciertamente va a acontecer. Segundo, podemos ser guiados por el Espíritu Santo que conoce el futuro. Tercero, no nos tenemos que preocupar por el día de mañana sabiendo que nuestro futuro está seguro en las manos de Dios.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 27, 2013. Una Audiencia con El Rey

A dos niños se les concedió tener una audiencia con el rey. Pocos habían siquiera visto al rey, pero su reputación era bien conocida. Su creatividad y logros eran evidentes para todos. Él tenía el poder de dar o quitar lo que él quisiera a cualquiera de sus súbditos. En consecuencia, muchos temían su ira y preferían mantener su distancia. Otros querían obtener su favor para aumentar su propio valor y de ser posible beneficiarse de su riqueza. Algunas personas curiosas sólo querían conocerlo y servirlo. Algunos pesimistas ni siquiera creían que existía y decidieron vivir como si no lo hiciera. Cuestionaban cualquier tipo de autoridad sobre sus vidas.

Ambos niños buscaron el consejo de otros. ¿Qué deberían decir en su presencia? ¿Cómo deberían dirigirse a él? ¿Podría haber alguna ganancia personal en tal privilegio? Algunos veían esto como la gran oportunidad para influenciar al rey y para sugerirle como reinar mejor. Otros la veían como una increíble oportunidad para obtener alguna ganancia personal. El rey tenía el poder de conceder casi cualquier deseo. Existía un rumor de que si lograba uno ganar su favor, podría prosperarlo. Algunos sugirieron a los niños que mantuvieran su distancia y que sólo hablaran cuando se les dirigiera la palabra para evitar que la ira del rey cayera sobre ellos.

Uno de los niños era un oportunista. Hizo una lista con los asuntos que le preocupaban y se preparó para presentarle al Rey sus peticiones, las cuales incluían varios pequeños favores para él mismo. No iba a perder esta oportunidad. Cuando llegó su turno de hablar ante el rey, con pasión le expresó lo que tenía en mente. El rey lo escuchó y le agradeció su visita. Cuando le preguntaron cómo le había ido, él dijo: “Yo creo que salió bien. Escuchó con interés todo lo que le decía. Hasta me agradeció la visita. A ver si mañana puedo volver a hablar con él.”

El otro niño sólo tenía curiosidad. ¿Quién era este hombre que tenía tanto poder?, y ¿sería posible tener algún tipo de relación con él? Él llegó sin intenciones ocultas. Se maravilló de su inmenso palacio y de la belleza del trono. Cuando por primera vez vio al rey no pudo contenerse. Palabras de alabanza comenzaron a salir de su boca, y cayó de frente ante su presencia. De repente se sintió completamente insignificante e indigno de estar en tal lugar. Hubo un momento de temor y se preguntaba si la espada caería en algún momento. El rey se inclinó y levantó gentilmente su rostro, y el niño subió la mirada y vio un rostro lleno de amor. Se quedó sin palabras. Todo lo que él quería hacer era darle un abrazo y saber todo acerca de él. Nunca en su vida había sentido tanta paz.

Cuando le preguntaron cómo le había ido en su audiencia con el rey, él dijo: “Voy a pasar el resto de mi vida conociéndolo y sirviéndolo lo mejor que puedo. Hay tantas cosas que he escuchado sobre él que son incorrectas, y quiero decirles a todos que mi Rey es Rey de todos los Reyes. Él está lleno de gozo y quiere que todos sus súbditos vayan ante su presencia, ya que son como hijos para él, y él ama a todos sus hijos por igual”.  (Tomado de la Introducción de Liberating Prayer, Harvest House Publishers).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 26, 2013. Omnipotencia

“¡Aleluya!, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina” (Ap. 19:6). Tal será la alabanza del pueblo de Dios en el juicio final cuando Dios demuestre a todos que Él es “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (v. 16). El adjetivo “omnipotente” se traduce como “Todopoderoso” en las escrituras y ocurre sólo en el libro del Apocalipsis (1:8; 4:8; 11:7; 26:7,14; 19:6,15; 21:22) a excepción de 2 Co. 6:18. Sólo Dios tiene el poder de crear algo de la nada. Adicionalmente a Su creación original, la Biblia registra muchos “hechos poderosos” que ninguna otra criatura puede llevar a cabo. Él continúa expresando su poder al crear nuevas cosas (Mat. 3:9, Ro. 4:17), según el puro afecto de su voluntad, porque nada es demasiado difícil para Dios (Gén. 18:14). En Dios está el poder para producir y controlar todo lo que pudiera ocurrir.

El poder de Dios se demuestra en Su habilidad para garantizar que todas las profecías se cumplan. Para lograr esto, Dios debe tener la habilidad de orquestar todos los eventos necesarios para que Su palabra se haga realidad. Este poder se demuestra de manera única en haberle concedido a la estéril Elizabeth que quedase encita con Juan el Bautista, y la fecundación de la Virgen María para que Jesús pudiera sentarse con todo derecho sobre el trono de David (Lucas 1:26-38). Cuando la estupefacta María preguntó cómo podía ser esto, “respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra…  porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:35,37).

La omnipotencia de Dios sólo está limitada por Su Palabra y naturaleza, ya que Su poder es parte de Su propia esencia. Por ejemplo, Dios no puede mentir (Heb. 6:18). Dios no puede ser auto-contradictorio ya sea pecando o muriendo. Dios no puede aparentar como si lo que ha pasado jamás hubiera pasado. Dios no puede usar Su poder de una manera imprudente o impía y, por lo tanto, no puede abusar de Su poder. Una autoridad absoluta corrompe de manera absoluta a aquellos que son corruptibles, pero Dios es incorruptible. La omnipotencia de Dios está restringida por Su amor.

Conocer la omnipotencia de Dios es una gran bendición para los hijos de Dios. Primero, tenemos la seguridad de Su protección. “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” (Sal 91:1-2). Segundo, “mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” (Fil. 4:19). Tercero, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Es increíble pensar, pero con mucha ganancia si uno lo sabe, que Dios les ha dado de su poder a aquellos que creen (Ef. 1:19). Como creyentes, no tenemos el poder para hacer lo que nos venga en gana, tenemos el poder de Dios para hacer Su voluntad. Podemos hacer, por medio de Cristo, todo aquello que sea consistente con Su naturaleza y voluntad.

Dios es mucho más que una fuerza impersonal que crea montañas y controla las fuerzas de la naturaleza. Él es el Dios Todopoderoso en nosotros, quién de manera amorosa usa Su poder para cambiarnos de pecadores a santos. “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Co. 1:18).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 25, 2013. Dios y la Salud Mental

Voy a escribir mucho sobre la salud mental y espiritual en los próximos meses, pero quiero compartir este testimonio ahora, ya que revela como nuestra percepción de Dios cambia cuando ya estamos libres mental y emocionalmente. Un viernes por la tarde conocí a un misionero veterano, que llevaba 13 años sirviendo. Dos meses más tarde recibí la siguiente carta:

He estado esperando un tiempo para escribirte, pero he esperado tanto para poder confirmar en mí mismo que en realidad esto es verdad. Esto es lo que escribí en mi diario el domingo en la noche, después de nuestro tiempo juntos el viernes. “Desde el viernes en la tarde me he sentido como otra persona. Los arranques de ira y furia se han ido. Mi espíritu está tan calmado y lleno de gozo. Me despierto cantando sobre las grandezas de Dios en mi corazón. La constante tensión e irritabilidad se han ido. Me siento tan libre. La Biblia se ha hecho más interesante, estimulante y más compresible como nunca antes. No hubo nada dramático que aconteciera durante mi sesión con Neil, pero sé, en lo más profundo de mi ser, que algo cambió. Ya no estoy encadenado por las acusaciones, las dudas y pensamientos sobre suicido, homicidio y cualquier otro tipo de males que venían desde el infierno hasta mi cabeza. Hay una paz en mi mente y espíritu, una claridad de conciencia profunda. ¡He sido hecho libre! Es tan maravilloso tener gozo después de haber estado en tinieblas por tanto tiempo.” Han pasado más de 2 meses desde que escribí eso en mi diario y estoy firmemente convencido de los beneficios del Ministerio de Libertad en Cristo. He estado en terapia por varios meses, pero no hay comparación con los pasos que puedo dar ahora. Mi habilidad para procesar las cosas ha incrementado muchísimo. No sólo está mi espíritu más sereno, ¡mi mente está más clara! Es más fácil hacer las conexiones e integrar las cosas ahora. Pareciera que ahora todo es más fácil de entender.

Mi relación con Dios ha cambiado significativamente. Durante ocho años sentí que Él estaba distante de mí. Poco tiempo antes de que nos viéramos, yo clamaba a Él desesperadamente para que me liberara de las ataduras en las que estaba. Quería tan desesperadamente reencontrarme con Él otra vez, reconocer su presencia conmigo otra vez. Yo necesitaba conocerlo como amigo, como compañero, no como la distante figura de autoridad que se había convertido en mi mente y en mi experiencia. Desde ese día, he visto crecer mi confianza en Él, he visto mi habilidad para ser honesto con Él incrementar muchísimo. Estoy realmente experimentado aquel crecimiento espiritual que había anticipado en mi diario. ¡Es maravilloso!

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 22, 2013. Omnipresencia

“Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos” (Heb. 1:10). Dios es el Creador. Él no es parte de la creación. Toda cosa creada está en algún lugar, pero Dios está en todo lugar. “Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo” (2 Cró. 2:6). Él sostiene todas las cosas con Su poderosa palabra (Heb 1:3). Si Dios dejara de existir, también dejaría de existir toda la creación. “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hech. 17:28).

Uno no debería de pensar que Dios está en un determinado lugar o en otro. “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra” (Sal. 139:7-10). Estas son palabras reconfortantes para aquellos que buscan la seguridad que trae Su presencia. Por otra parte, es imposible huir de Dios si es que uno está intentado esconderse de Él. “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” (Jer. 23:24). Hasta la oscuridad no nos puede esconder de Dios ya que la oscuridad es como luz para Él (vv 11,12).

Es imposible pensar sobre Dios en términos humanos ya que nosotros somos creaturas finitas que viven en un mundo finito. Inclusive lo vasto del espacio exterior no lo puede contener ya que Él contiene el espacio. Cuando pensamos en Dios como lejano, no es porque esté en alguna galaxia distante. Cuando sentimos que Él está lejos de nosotros es porque nuestras naturalezas son distintas y no por una distancia que pueda ser medida. El pecado nos ha alejado de Dios y no hay nada que podamos hacer para reconectarnos con Él fuera de la obra salvadora de Cristo.

Para aquellos que han sido reconciliados con Dios, invocar la presencia de Dios carece de sentido ya que Él está presente en todos lados. En vez de ello, necesitamos reconocer que Dios está siempre presente y deberíamos orar para que Él nos conceda percatarnos de Su omnipresencia. Carece de sentido pedirle a Dios que esté con nuestros misioneros cuando Dios dijo que Él no los dejaría ni desampararía. Deberíamos de seguir el ejemplo de David en el Salmo 16:8 “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido”.

La adoración no es una actividad dominical. Es vivir diariamente con el entendimiento de los atributos de Dios y nuestra unión con Él. Si sentimos la presencia de algún espíritu maligno, entonces inmediatamente deberíamos de reconocer la presencia de Dios. Esa es una acción de adoración alentada por la verdad y guiada por el Espíritu Santo. “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Jn. 4:23).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 21, 2013. Adoración

Cuando yo enseñaba en la Escuela Talbot de Teología había un estudiante que medía 2.15 mts de altura. Yo sentía un poco de pena por él ya que todos se le quedaban viendo, bueno, hasta que él los volteaba a ver. Probablemente ellos no lo hacían intencionalmente, pero no podían evitar hacerlo. Yo me encontré a mi mismo viéndolo de reojo. La mayoría de los desconocidos no le decía nada aparte de la ocasional broma: “¿Cómo está el tiempo allá arriba?” Todos pensaban: “¡Ese hombre es realmente alto!” Esa es la respuesta natural a los atributos que son inusuales o extraordinarios, lo cual es la esencia de la adoración.

La adoración es reconocer ante Dios sus atributos divinos. Dios no necesita que nosotros le digamos quién es Él. Él está completamente seguro de su propia deidad. Tampoco adoramos a Dios para apaciguarlo. Algunos creen que por decirle continuamente a Dios lo bueno que Él es, no va a tratarlos duramente, o les va a conceder favores. Eso es espiritismo, y no es la razón por la cual adoramos. Adoramos a Dios porque necesitamos mantener frescos en nuestra mente los atributos divinos de Dios. Usted nunca va a estar solo si usted sabe que Dios es omnipresente. Usted nunca se va a sentir impotente si usted sabe que Dios es omnipotente. Usted nunca se va a sentir no-amado si usted supiera que Dios es amor.

Suponga que usted viera al estudiante previamente mencionado, pero lo viera a un kilómetro de distancia. Parecería ser semejante a cualquier otro mortal, y verlo a distancia probablemente incitaría poca reacción. Si usted estuviera parado junto a él, usted estaría anonadado. Su reacción natural sería decir o pensar: “¡Válgame, usted sí que es alto!” El pensamiento preponderante en su mente sería sobre ese atributo en particular. Así es nuestra relación con Dios. Si usted no está practicando Su presencia, Él se vería como una figura distante, y no demasiado grande. Él sería fácil de ignorar. Pero si usted fuera conducido hasta su presencia, usted sería sobrecogido por Sus atributos. Si esto le pasara a usted, no sólo diría: “Alabado Seas”. Usted diría: “Santo, Hermoso, Maravilloso, Poderoso, etc”. Nadie le tendría que decir que lo hiciera. Los ángeles no están obligados a adorar a Dios. En la presencia de Dios ellos de forma natural proclaman Sus atributos divinos.

Cuando por primera vez vi un árbol secuoya gigante en el Parque Nacional de Secuoyas, me paré al pie del árbol y estuve anonadado por lo grande que era. Yo quería decirle a todos: “Vean el tamaño de este árbol. ¡Se necesitarían más de 20 hombres para poder rodearlo con sus brazos!” Yo no adoro a los árboles ni a los hombres. De manera natural yo me maravillo de la naturaleza, pero ésta sólo muestra la gloria de Dios (Sal. 19:1). Yo adoro a Dios quién creó los arboles, los atardeceres y los arcoíris. Entre más me acerco a mi Creador, Redentor, Salvador y Señor, más natural es adorarlo y compartir de Él a otros. Si me llego a sentir desconectado de Él, traigo a la memoria Sus atributos divinos, por lo tanto tendré esperanza (ver Lam. 3:21-24).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 20, 2013. La Satisfacción Personal de Glorificar a Dios

Tuve el privilegio de ayudar a un hombre que había conducido varios cientos de kilómetros con la esperanza de que lo pudiera ayudar a resolver los conflictos que tenía en su vida y hogar. Él era un hombre “exitoso” – el superintendente de un distrito escolar público. Él iba a la iglesia normalmente y parecía ser un pilar de la comunidad. Pero él tenía dificultades con pensamientos compulsivos, ira explosiva y terribles pesadillas que lo dejaban exhausto cada mañana. En pocas horas pudimos resolver sus conflictos personales y espirituales, y encontró la libertad en Cristo. Él esperó varios meses antes de mandarme la siguiente carta. Él quería garantizar que lo que le había pasado sería duradero.

Nunca entendí realmente la relación que Dios quería tener conmigo. Veía a Dios como un padre omnipotente, pero distante y severo. Usted me ayudó a comprender que Dios es como un padre de verdad por cómo me ama, lo que significa que Él quiere que yo disfrute de su presencia y tenga una vida plena en esta tierra. Yo lo veía como un disciplinador distante, un disciplinador benevolente, pero un disciplinador no obstante. Yo sabía que debía tener una relación personal con Él, pero no tenía forma de saber lo que eso significaba.

Yo equiparaba la actitud de mi padre terrenal hacia nuestra relación padre-hijo con el tipo de parentesco que sería apropiado entre Dios y yo. Estaba equivocado. Dios no sólo quiere verme obedientemente feliz, sino que también se regocija en mis logros. He tenido conflicto con mi propósito en la vida. ¿Qué importaba si lograba algo? Si todos mis logros son el resultado de la voluntad de Dios, y todo el reconocimiento le pertenece a Él, en mi pequeña mente creía yo que no era más que un vaso ineficaz del Todopoderoso.

Por supuesto que estaba dispuesto a aceptar ese concepto, ya que lo creía bíblico. Pero estaba equivocado, estaba yo basando mi sistema de creencias sobre un fundamento no-escritural. Mi caída era inevitable. No había manera de que pudiera experimentar la alegría con esta creencia. La humildad era muy importante para mí, pero eso significaba no tomar satisfacción personal alguna por un trabajo bien hecho. Sin algún tipo de satisfacción personal en nuestras obras, se pierde mucho de la vida, y Dios no quiere esto. Él quiere que yo haga cosas buenas y que disfrute en hacerlas bien. Así como un padre terrenal está contento cuando su hijo hace bien, también lo está Dios cuando sus hijos hacen su voluntad.

Esta revelación infundió un gran significado en mi vida. Ahora tengo un nuevo concepto del amor de Dios y de mi lugar en su plan divino. Yo tengo significado, y lo que hago tiene significado. Puedo hallar placer en hacer cosas buenas sin estar en riesgo de caer en el pecado de orgullo. Ahora veo la verdad de que Dios es un Padre amoroso y cariñoso. Él me dio una voluntad que se supone que debo utilizar para glorificarlo, y eso es exactamente lo que pretendo hacer.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 19, 2013. Gloria a Dios

He discipulado a muchos cristianos dolidos que se debatían con la idea de hacer todo para la gloria de Dios. Las razones que daban: Dios me dio padres terribles. No tuve suficiente dinero para una buena educación. Los demás han abusado de mí toda mi vida. ¡Ahora Dios quiere que lo adule y que edifique su reino! Las personas no glorifican de manera natural a Dios si creen que Él es causante de la situación en la que viven. Adicionalmente, los cristianos derrotados tienen dificultad para darle gloria a otro cuando desesperadamente buscan ser reafirmados. Algunos creyentes tienen una teología de “gusano”, pensando que Dios lo es todo y ellos no son nada. Jesús no murió por nada. ¿Cómo es Dios glorificado si Sus hijos se arrastran en alguna triste forma de existencia viviendo de forma derrotada?

Si hubiera tenido que elegir un futuro pastor exitoso dentro de los círculos evangélicos, el siguiente hombre hubiera sido el primero de mi lista. Él era un excelente estudiante, un comunicador de primera con una personalidad cautivante. Él aceptó el reto de un pastorado pequeño y fracasó moralmente. Después de ir a una de mis conferencias este talentoso, inteligente y agradable hombre, me escribió lo siguiente:

Yo siempre pensé que sólo era un bueno para nada, despreciable, inmundo y apestoso pecador, que había sido salvo por gracia, pero que diariamente decepcionaba a Dios. A todo lo podía aspirar era a una vida llena de pedir perdón cada noche por no ser el hombre que yo sabía que Él quería que yo fuera. “Mañana me esforzaré más, Dios”.

Como primogénito, había pasado mi vida intentando ganar la aprobación de mis demandantes padres. Me había relacionado con Dios de la misma manera. Yo sentía que Él simplemente no podía amarme tanto como a otros creyentes “mejores”. Claro, soy salvo por gracia por medio de la fe, pero simplemente estoy aguantando hasta el día que Él se canse de lidiar conmigo y me llame a casa para finalmente detener mi falta de progreso. ¡Uf, que trabajo!

Neil, cuando explicaste nuestra nueva identidad en Cristo, me sorprendiste mucho. ¿No es eso extraño, que alguien pudiera estudiar en un buen seminario y nunca asirse de la verdad de que él es una nueva criatura en Cristo? Esto ha sido muy útil y liberador para mí. He comenzado a salirme de mis viejos patrones de pensamiento sobre mí mismo y sobre Dios. Yo no lo imagino constantemente desilusionado de mí. Si Él puede amarme todavía, estar activo en mí y usarme después de todo lo que le he fallado, entonces verdaderamente mi valor para Él no está basado en mi desempeño. El simplemente me ama. ¡Y punto!

He experimentado un nuevo gozoso caminar con Él. Alabado sea Dios. He sido profundamente tocado por el descubrimiento de quién es Dios y quién soy yo en Cristo. Cada día de servicio es un regalo directamente de Dios, y almaceno cuidadosamente cada uno de ellos en la bóveda celestial para toda la eternidad para honra y gloria de mi Salvador.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 18, 2013. Glorifícalo en Tu Cuerpo

“El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia” (Juan 7:18). Los verdaderos discípulos de Jesús glorifican a Aquél quien los llamó. Aquellos que conocen la voluntad de Dios, y son guiados por Él, hacen todo para la gloria de Dios. Por el otro lado, si no estamos glorificando a Dios y no estamos siendo testigos eficaces en lo que decimos y hacemos, entonces no puede ser la voluntad de Dios lo que hacemos. Esa es una manera sencilla para determinar si estamos haciendo bien o mal. Esta sencilla prueba me hizo cuestionarme a mí mismo cuando era yo ingeniero y miembro de un club de bridge (un juego de cartas). Me gustaba mucho jugar, pero no podía seguir jugándolo al medio día con los otros ingenieros y seguir siendo un testigo eficaz del Señor Jesucristo, ni glorificarle a Él en la manera en la que estaba jugando ese juego. El bridge no era el problema. Yo era el problema. Así que dejé de jugar bridge, pero seguí leyendo los artículos sobre bridge en el periódico por años hasta que llegué a la madurez suficiente para poder jugar sin comprometer mi identidad en Cristo.

El someterse a la voluntad perfecta del Padre está perfectamente modelado en la Trinidad. “porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió” (Juan 8:42). Cuando hablaba con el Padre, Jesús dijo: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese… Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste” (Juan 7:4,7-8).

El Espíritu Santo opera en la misma manera de acuerdo con Juan 14:16; 16:13-14 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre… Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

De acuerdo con Juan 20:21 la siguiente directiva es válida para nosotros, “Como me envió el Padre, así también yo os envío”. Está bien, esto fue dicho a los apóstoles, pero todos hemos sido comisionados a hacer discípulos. Los cristianos enviados por Dios están llamados a glorificar a su Padre Celestial. Aquellos que van por su propia cuenta buscan su propia gloria. ¿Quiere usted ser fiel? Entonces, ¡glorifique a quién lo envió! El Apóstol Pablo preguntó: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio; glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 14, 2013. La Gloria Descendió

Suponga que usted fuera el director de una empresa muy grande, y se enterara que una de las personas de intendencia estaba teniendo problemas en casa. La esposa del conserje estaba muy enferma y él no pudiera costear pagarle a alguien que cuidara de ella. El conserje estaría devastado porque necesita su trabajo para traer comida a la casa. Si él se quedara a cuidarla, entonces perdería su trabajo. Así que usted deja su oficina en el piso más alto de la empresa y se dedica a limpiar los escusados en la planta baja para que el conserje pueda irse a casa y hacerse cargo de su esposa. También hace usted los arreglos necesarios para intercambiar su salario por el del conserje hasta que ellos estuvieran libres de deudas. Pues esto no se acerca ni remotamente a lo que Jesús hizo.

En el vasto océano de la eternidad hubo un tsunami en el tiempo que comenzó con la encarnación de Cristo y acabó con Su crucifixión. Dios dio un paso fuera de la eternidad y entró a lo temporal para que nosotros pudiéramos salir de lo temporal y entrar a lo eterno. Su ejemplo puso los estándares tan altos que alcanzarlos está más allá de lo que humanamente podemos. La encarnación fue el más severo reproche posible a nuestro orgullo. No podemos comprender plenamente el ejemplo de Cristo que “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:7). Fue del estado más alto de la existencia a lo más bajo de la existencia humana, haciéndose un bebé indefenso nacido en un pesebre, de padres humildes sin estatus social alguno. Si usted y yo nos volviésemos gusanos o babosas, ni aun así nos acercaríamos a lo que Jesús descendió. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn 1:14). Jesús era la perfecta manifestación de Dios.

El tiempo de nuestro Señor vino a un final abrupto en la crucifixión, que fue el más severo reproche posible a nuestro egoísmo. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16). ¿Puede usted imaginar como sería la vida en esta tierra si todos le creyéramos al Apóstol Pablo y viviéramos según Fil. 2:3-5?

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.