Marzo 29, 2013. Los Cristianos Son Santos que Pecan

Los creyentes han sido “llamados a ser santos” (Rom. 1:7), esto es, somos santos por Su llamamiento. Note que Pablo le escribe “a los santos” en Éfeso (Ef. 1:1) y Filipos (Fil. 1:1). Un santo no es alguien que se ha ganado su noble título viviendo de manera ejemplar o llegando a cierto nivel de madurez. En la Biblia, todos los creyentes son descritos como “santos” (por ejemplo 1 Co. 1:2; 2 Co 1:1). Ser un santo no necesariamente refleja cierta medida de crecimiento de carácter en el presente, pero sí identifica a aquellos que están rectamente relacionados con Dios. En las Escrituras los creyentes son llamados “santos”, “santificados” o “justificados” más de 200 veces. En contraste, los incrédulos son llamados “pecadores” más de 300 veces. Claramente, el término “santo” se usa en las Escrituras para referirse a los creyentes mientras que “pecador” se usa para los no-creyentes.

A pesar de que el Nuevo Testamento enseña que los creyentes pueden, y de hecho pecan, nunca identifica de manera clara a un creyente como un “pecador”. La referencia de Pablo a él mismo como “el primero de los pecadores” parecería contradecir su enseñanza (1 Tim 1:15-16). A pesar del uso del tiempo verbal presente por parte del Apóstol hay muchas razones, sin embargo, por las cuales Pablo se está refiriendo a su oposición al Evangelio antes de su conversión.

Primero, la referencia a él mismo como “pecador” es para sustentar la primera parte del versículo, “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Tim. 1:15). La referencia a “los impíos y pecadores” unos versículos antes (v. 9) junto con los otros usos Neo Testamentarios del término “pecadores” para aquellos que están fuera de la salvación muestra que los “pecadores” que Cristo vino a salvar estaban fuera de la salvación.

Segundo, la referencia de Pablo a él mismo como “pecador” es inmediatamente seguida por la aseveración: “Pero por esto fui (tiempo pasado) recibido a misericordia” (v. 16), claramente señala hacia el evento pasado de su conversión. Pablo, el primero de los pecadores, se usa a él mismo como ejemplo de la ilimitada paciencia de Dios. Dada su actividad pasada, Pablo se consideraba a él mismo no merecedor de lo que, por la gracia y misericordia de Dios, él era en el presente, un apóstol que no era en nada “menos que aquellos grandes apóstoles” (2 Cor. 12:11).

Tercero, a pesar de que declarando que él era el “primero” de los pecadores, al mismo tiempo, el apóstol, declara que Cristo le ha dado la fortaleza para el ministerio considerándolo “fiel” o “fidedigno” para el ministerio al cual fue llamado (v. 12). El término “pecador”, por lo tanto, no describe su presente posición como creyente, más bien, se usa para recordar aquello que fue antes de que Cristo lo tomara.

Como creyentes, no estamos intentando volvernos santos, somos santos que se están asemejándo a Cristo. Ser santo es parte de nuestra santificación posicional. En ninguna manera niega la continua batalla contra el pecado. Los cristianos pueden elegir pecar, y muchos están dominados por la carne y engañados por el diablo. Como pecan, queremos llamarles pecadores, pero lo que hacemos no determina quienes somos. Decirles a los cristianos que son pecadores y luego disciplinarlos si no actúan como santos es contraproducente en el mejor de los casos e inconsistente con la Biblia, en el peor de ellos. Creer quiénes somos realmente en Cristo determina lo que hacemos.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 28, 2013. Quien Usted Realmente Es en Cristo

En Cristo usted es:
La sal de la tierra (Mat. 5:13).
La luz del mundo (Mat. 5:14).
Un hijo de Dios (Juan 1:12)
Parte de la vid verdadera, un canal del la vida de Cristo (Juan 15:1,5).
Amigo de Cristo (Juan 15:15).
Elegido y designado por Cristo para llevar Su fruto (Juan 15:16).
Un esclavo de la justicia (Rom. 6:18).
Esclavo de Dios (Rom. 6:22).
Un hijo de Dios, Dios es su Padre espiritual (Rom. 8:14,15).
Un coheredero con Cristo, compartiendo Su herencia con Él (Ro. 8:17).
Un templo, una morada de Dios. Su Espíritu y Su vida mora en usted (1 Cor 3:16;. 6:19).
Unido al Señor y un solo espíritu con Él (1 Cor. 6:17).
Un miembro del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27;.. Efesios 5:30).
Una nueva creación en Cristo (2 Cor. 5:17).
Reconciliado con Dios y un ministro de reconciliación (2 Cor. 5:18,19).
Un hijo de Dios y uno en Cristo (Gálatas 3:26,28).
Un heredero de Dios, ya que usted es un hijo de Dios (Gal. 4:6,7).
Un santo (Ef. 1:1; 1 Corintios 1:2;.. Phil 1:1; Col. 1:2).
Hechura de Dios, Su obra, nacido de nuevo en Cristo para hacer Su obra (Efesios 2:10).
Un conciudadano con el resto de la familia de Dios (Efesios 2:19).
Un prisionero de Cristo (Ef. 3:1; 4:1).
Justo y santo (Ef. 4:24).
Un ciudadano del cielo, sentado en el cielo ahora mismo (Fil. 3:20;. Efesios 2:6).
Escondido con Cristo en Dios (Col. 3:3).
Una expresión de la vida de Cristo porque Él es su vida (Col. 3:4).
Elegido de Dios, santo y amado (Col. 3:12; 1 Tesalonicenses 1:4.).
Un hijo de la luz, no de oscuridad (1 Tes. 5:5).
Un copartícipe de un santo llamamiento celestial (Heb. 3:1).
Un copartícipe de Cristo, usted comparte su vida (Hebreos 3:14).
Una de las piedras vivientes de Dios, edificado en Cristo como casa espiritual (1 Ped. 2:5).
Un miembro de un pueblo escogido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios (1 Ped. 2:9-10).
Un extranjero y ajeno a este mundo en el que vive temporalmente (1 Ped. 2:11).
Un enemigo del diablo (1 Ped. 5:8).
Un hijo de Dios que se asemejará a Cristo cuando Él regrese (1 Juan 3:1,2).
Nacido de Dios, y el maligno no le puede tocar (1 Jn 5:18).
No es el gran “Yo soy” (Éxodo 3:14; Juan 8:24,28,58), pero por la gracia de Dios, usted es lo que es (1 Corintios 15:10.).

Dr Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo.

Marzo 27, 2013. Una Nueva Identidad en Cristo

El nombre Jacob significa el que reemplaza. Él engañó a su hermano para robarle la primogenitura y luego huyó para salvar su vida. Veinte años más tarde él se encontraba luchando con un ángel de Señor en el lado equivocado de rio Jordán. Él luchaba para liberarse, pero Dios no lo dejaba ir. De repente, despunta el alba y Jacob ve el rostro de Dios (Peniel) y la batalla da un giro. Jacob no lo dejaba ir hasta que este “hombre” lo bendijera. Este encuentro con Dios cambió a Jacob para siempre. “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gen 32:28). Jacob cojea a través del Jordán., pero su nombre ahora es Israel, que significa “tener poder con Dios”.

Nuestro encuentro con Dios nos ha cambiado para siempre. Ya no somos “hijos de ira” (Ef. 2:3), sino hijos  de Dios (1 Juan 3:1-3). “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Ef. 5:8). “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:9-10).

Las personas no regeneradas tienen problemas con su identidad. Como niños pequeños, éramos hijos e hijas de padres terrenales y habíamos aceptado este legado físico como parte de nuestra identidad. Al inicio de nuestra adolescencia, comenzamos a buscar nuestra propia identidad. De adultos, intentamos hacernos de cierta reputación en el mundo. La tendencia es buscar nuestra identidad en nuestra herencia natural, en las cosas que hacemos, en el lugar donde vivimos y en los papeles que desempeñamos.

Es diferente para los creyentes que han sido creados a imagen de Dios y ahora están siendo conformados a su imagen. “Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Co. 3:11). En otra palabras, no hay distinciones raciales, ni religiosas, ni culturales ni sociales. Todos somos hijos de Dios y compartimos el mismo estatus en la familia de Dios.

Pablo dice: “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne” (2 Co. 5:16). Literalmente significa que Pablo no reconoce más a los creyentes de acuerdo con la carne, esto es, su identidad natural o quienes eran en Adán. Él reconoce a los creyentes como nuevas creaciones en Cristo (2 Co. 5:17). Pablo pregunta: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Ro. 6:3). Saber quiénes somos en Cristo es fundamental para vivir libres en Cristo. ¿Acaso no sabe usted que ha sido unido a Cristo en Su muerte y en Su resurrección? ¿Acaso no sabe usted que es una nueva criatura en Cristo? Necesitamos seguírnoslo preguntando hasta que respondamos: “Sí, yo sí sé quién soy, una nueva persona en Cristo, y por la gracia de Dios viviré acordemente”.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 26, 2013. Crucificado Juntamente con Cristo

Pablo dijo: “soy muerto para la ley” (Gal. 2:19), porque “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (v. 20). Esto es únicamente posible gracias a nuestra unión con Cristo. El Apóstol Pablo identifica a cada creyente con Cristo:
En Su muerte (Ro. 6:3,6; Col. 3:1-3)
En Su sepultura (Ro. 6:4)
En Su resurrección (Ro. 6:5,8,11)
En Su ascensión (Efesios 2:6)
En Su vida (Ro. 6:10-11)
En Su poder (Ef. 1:19,20)
En su herencia (Ro. 8:16-17; Ef. 1:11-12).

Cuando Pablo dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado”, él, literalmente, se refiere a haber sido y continuar siendo crucificado juntamente con Cristo. La vida eterna que recibimos en el momento de la salvación fue la vida eterna de Cristo, “para que el cuerpo del pecado sea destruido” (Ro. 6:6). El “cuerpo de pecado” se refiere a la persona o ser (viviendo en forma corporal) que está bajo la ley y el dominio del pecado. Esta persona fue “destruida” al ser crucificada con Cristo. El término griego “destruida” se podría traducir de igual manera como “hecho inefectivo o impotente” “traído a su fin”  o “ser liberado de”. Nuestro viejo yo era esclavo del pecado y por lo tanto utilizaba toda nuestra existencia corporal para servicio del pecado y su dominio. Ese viejo yo ha muerto juntamente con Cristo. Ahora, un nuevo yo existe, el cual no está ya bajo el dominio del pecado.

El pecado reina a través de la muerte, por lo tanto la manera de liberarse del pecado es a través de la muerte (Ro. 6:6). Por lo tanto, si una persona muere, el pecado pierde dominio sobre esa persona. Ya que el creyente ha muerto juntamente con Cristo (participando juntamente con Él en Su muerte al pecado), el creyente es libre del domino del pecado y vive una nueva vida de libertad. He tratado con muchos cristianos que han creído las mentiras de Satanás de que la única manera de liberarse del pecado y de los demonios es morir físicamente, esto es, terminar ellos mismos su vida; pero los verdaderos creyentes ya han muerto juntamente con Cristo quien es el único que puede conquistar el pecado y la muerte. Tome nota de que la muerte es el final de una relación no de la existencia. De acuerdo con Pablo, estamos vivos en Cristo y muertos al pecado (Ro. 6:11). En Cristo, el pecado y la muerte ya no tienen dominio sobre nosotros.  La muerte física todavía es inminente, pero continuaremos viviendo espiritualmente aun si morimos físicamente. El pecado sigue estando presente y sigue siendo atractivo, pero no tenemos que ceder ante él. La ley de la vida en Cristo Jesús nos ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Créalo y viva de acuerdo con ello.

Dr. Neil.

Traducción:  Ricardo Gallardo.  Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 25, 2013. Una Nueva Posición en Cristo

En mi blog pasado ilustré qué tanto se ha infiltrado la psicología secular en la iglesia. Una buena teología debe anteceder a una buena psicología ya que todo procede de Dios. Mientras transito de la teología (un estudio acerca de Dios) a la psicología (un estudio del alma) tengan en mente la advertencia del apóstol en Col 2:6-10. Cada cristiano es una nueva creación “en Cristo”, lo cual está en marcado contraste con el hombre natural a quien la psicología secular busca comprender. La frase preposicional “en Cristo”, ” en Él”, o ” en el Amado” es una de las frases preposicionales más repetidas en las Epístolas. La frase aparece más de cuarenta veces tan sólo en el libro de Efesios. Significa que nuestra alma está unida a Dios, y no podemos comprender plenamente quiénes somos sin esa conexión.

Cada etapa de nuestra santificación es posible porque estamos vivos “en Cristo”. Debemos estar firmemente arraigados “en Él”, para ser edificados  “en Él”, lo que hace posible vivir “en Él” (Col 2:6-10). Estar vivo y libre “en Cristo” es la base para la comprensión del apóstol Pablo de cómo vivir la vida cristiana. Al enviar a Timoteo a Corinto, el apóstol dijo, “Él les recordará mis caminos, los caminos en Cristo, tal como yo enseño en todas partes, en cada iglesia” (1 Cor 4:17).

“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” (1 Juan 5:11), y Pablo habla de “la promesa de la vida que es en Cristo Jesús” (2 Tim 1:1). “En Cristo” están “la fe y el amor” (1 Tim1:14), “la gracia” (2 Tim 2:1), “la salvación” (2 Tim 2:10), “todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2:3) y “las riquezas en gloria” de Dios (Flp 4:19). Pablo dice que es por la obra de Dios que los cristianos estamos en Cristo Jesús, que se ha hecho por nosotros sabiduría de Dios – es decir, “justificación, santificación y redención” (1 Cor 1:30). Uno sólo puede decir, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Ef 1:3).

“Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él ,y habéis sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad” (Col 2:9,10). “Habéis sido hechos” está en tiempo pasado. Cada creyente ya está “en Cristo”. Ser arraigado en Cristo se refiere a nuestra santificación posicional  que es la base de nuestra santificación progresiva. Como creyentes, no estamos tratando de ser hijos de Dios, ya somos hijos de Dios que estamos en el proceso de llegar a ser como Cristo.

Pablo está contrastando los medios a través de los cuales vivimos y crecemos en Cristo con las tradiciones humanas del mundo. La “Filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo” (Col 2:8) no pueden reproducir en nosotros lo que sólo la vida de Cristo puede hacer. Pablo dice “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp 4:13), y Jesús dice, “separados de mí nada podéis hacer” ( Jn 15:5).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 22, 2013. Jesús Versus la Tradición Humana

Acabo de leer un libro sobre adicción sexual y pornografía. El autor es cristiano indudablemente, da clases en una escuela cristiana de buen nombre y se adhiere a un estándar de conducta cristiana. No leí nada en el libro con lo que no estuviera de acuerdo, pero me decepcioné en lo que sí faltaba, una respuesta adecuada de cómo vencer un comportamiento adictivo. La descripción de los patrones de la carne fue reveladora, como lo fue la explicación de la química del cuerpo. Todo esto es verdad para el hombre natural. El mundo secular estaría de acuerdo con la mayor parte de lo que está escrito, excepto por el estándar de moralidad que se presenta, inclusive algunos estarían de acuerdo con ello. Si un hombre cristiano que tiene dificultades con una adicción sexual leyera el libro, Él entendería su adicción mejor, pero probablemente continuaría pecando y se sentiría peor sobre sí mismo por su fracaso.

¿Sería diferente si el lector fuera un hombre natural o un cristiano nacido de nuevo? ¿Acaso ser una nueva creación en Cristo tiene impacto sobre nuestra habilidad para vivir una vida recta; contrario al estar muertos en nuestras culpas y pecados? Ninguna mención se hizo sobre el papel del diablo al tentarnos, o del papel de Espíritu Santo que nos lleva a toda verdad y nos da poder para no llevar a cabo los deseos de la carne (Gal. 5:16). No hay mención del arrepentimiento o del lugar de Cristo en nuestras vidas. Con eso en mente, lea las palabra del Apóstol Pablo en Col. 2:6-10:

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

El Apóstol Pablo se hubiera escandalizado de ver como la psicología secular ha desplazado la centralidad de Cristo. No podemos vivir vidas rectas sin Cristo. La ley no tiene el poder de dar vida (Gal. 3:21). El Apóstol comparte su pasión en Col 1:26-29:

Para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.

Él actúa poderosamente en todos Sus hijos.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 21, 2013. La Deidad de Cristo

La aseveración de que Jesús era el Mesías prometido y el eterno Hijo de Dios enfurecía a los líderes judíos de aquel entonces (Juan 5:18), e hizo que ellos acusaran a Jesús de blasfemia (Juan 10:33). Ahora Pablo, un judío consumado, de manera cuidadosa enfatiza la Deidad de Cristo en Fil. 2:6-7: “el cual, siendo en forma (morfe) de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”.

La palabra clave es “morfe”, la cual usualmente se traduce como naturaleza o forma. Ésta enfatiza la esencia interna o la realidad de aquello con lo cual se asocia. Jesús “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (v. 6). En otras palabras, Jesús no tenía que esforzarse para ser Dios o parecerse a Él, ya que Él era y es Dios. Él voluntariamente cedió Su uso independiente de Sus propios atributos divinos. Cuando el diablo tentó a Jesús para que convirtiera la piedras en pan para salvarse a Sí mismo del hambre, Él simplemente respondió, “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat 4:4). El diablo quería que Jesús usara Sus propios atributos divinos independientemente del Padre para salvarse a Sí mismo. Él podría haber llamado a diez mil ángeles para salvarse a Sí mismo en la cruz, pero no lo hizo, ya que Él vino a hacer la voluntad del Padre.

Jesús  “se despojó a sí mismo, tomando forma (morfe) de siervo, hecho semejante a los hombres” (v. 7). “Se despojó a sí mismo” literalmente significa “se vació a Sí mismo”. Se vació a Sí mismo de sus propios intereses, pero no de Su Deidad. Jesús se humilló a Sí mismo y tomó la misma naturaleza de hombre. Él era verdaderamente Dios y, también, verdaderamente hombre. “Semejanza” significa similar pero diferente. Él era diferente de la humanidad en que Él no tenía pecado. Su auto-renuncia fue necesaria para obtener una auténtica experiencia humana que incluía una ubicación geográfica, desarrollo humano de mente y cuerpo, y la necesidad de comida y sueño. Él tenía que depender completamente del Padre Celestial.

La frase “y estando en la condición de hombre” (Fil. 2:8) se refiere a una temporal y externa apariencia en contraste con “morfe”, que significa un atributo interno permanente. La condescendencia de Jesús incluía no sólo Su nacimiento, sino también Su muerte, la cual era la peor posible “muerte, y muerte de cruz”. Martín Lutero dijo: “El misterio de la humanidad de Cristo, que se metió a Sí mismo dentro de nuestra carne, está más allá del entendimiento humano”. Él dejó Su exaltada posición para hacerse como nosotros y poder morir por nosotros.

San Ireneo, uno de los padres de la iglesia primitiva, escribió: “La Palabra de Dios, Cristo Jesús, por causa de Su gran amor por la humanidad, se hizo lo que nosotros somos para poder hacernos lo que Él mismo es”. Su vida fue el ejemplo perfecto de humilde sumisión que lo llevaría a la muerte y la exaltación. “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:9-11).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 20, 2013. El Último Adán

El primer Adán nació tanto física como espiritualmente vivo. Cuando Adán pecó, él murió espiritualmente y fue separado de Dios. La muerte física también sería una consecuencia del pecado, pero llegaría muchos años más tarde para Adán. Desde ese entonces, toda persona que entra a este planeta nace físicamente viva pero espiritualmente muerta (Ef. 2:1). Dios prometió que la redención de Su pueblo vendría de la simiente de una mujer (Gén. 17:19, Gál. 3:16), pero se volvieron impacientes y se preguntaban cómo identificarían al Mesías cuando Él finalmente llegara. “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Is. 7:14).

Pasarían cuatrocientos años de silencio entre el final de la revelación del Antiguo Testamento antes de que “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). La profecía sobre Emanuel, que significa “Dios con nosotros”, se cumplió. La profecía de que Jesús nacería de una virgen también se cumplió, lo cual hizo que María de admirara mucho (Lu. 1:34). Nadie puede plenamente explicar el misterio de la encarnación, pero las Escrituras son claras enseñando que el Hijo eterno se hizo carne. Tan importante es la doctrina de la encarnación que las Escrituras la convierten en un primer examen de ortodoxia. “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:2-3).

La encarnación es lo que separa al Cristianismo de las sectas y todas las demás religiones del mundo. Ellos creen en el Jesús histórico, pero ellos no creen que Dios podría estar con nosotros en forma de hombre. Ellos creen que Dios podría aparecer como un hombre, como una aparición, y sufrir en apariencia solamente, pero a menos de que ellos tengan al Espíritu Santo, ellos no pueden decir que Jesús era enteramente Dios al mismo tiempo que se hizo enteramente hombre.

Esta unión entre el Hijo eterno y la simiente de la mujer fue necesaria para poder traernos vida. “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Tome nota de que la luz no produce vida. La luz de los hombres es la radiación de la vida eterna de Dios. El último Adán (Jesús), como el primer Adán, también nació física y espiritualmente vivo. Pero, a diferencia del primero, Jesús nunca pecó a pesar de haber sido tentado en todo, según nuestra semejanza (Heb. 4:15).

El nacimiento virginal era necesario porque Jesús vino a darnos vida. Jesús dijo: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b). Lo que Adán y Eva perdieron en el paraíso fue la vida eterna, y lo que Jesús vino a hacer fue darnos vida eterna. Él no vino a darnos una vida física más plena junto con bendiciones materiales. Él vino a darnos una vida espiritual plena con bendiciones espirituales, las cuales son el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza, que son el fruto del Espíritu (Gal. 5:22,23). Jesús no sólo vino a darnos vida, Él es nuestra vida (Col. 3:4).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 19, 2013. Un Jesús Falsificado

Los oficiales de gobierno que son entrenados para detectar dinero falsificado, no estudian los billetes falsos. Ellos estudian los billetes verdaderos, los cuales llegan a conocer tan bien que cuando aparece uno falso, fácilmente lo pueden identificar. Por eso es que estoy dedicando varias semanas a explicar la verdadera naturaleza de Dios, para que así pueda usted detectar inmediatamente las falsificaciones, que están apareciendo por doquier. Nuestra esperanza se destruye cuando Dios Padre es presentado como malo y he intentado mostrar como un concepto distorsionado de Dios contribuye a los trastornos mentales. En mi ministerio me he encontrado con muchas personas que piensan que están siendo guiados por el Espíritu Santo, pero en realidad le están prestando atención a un espíritu maligno. Hoy vamos a considerar las advertencias sobre un Jesús falsificado. El Apóstol Pablo escribió: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro (allos) Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro (heteros) espíritu que el que habéis recibido, u otro (heteros) evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis”  (1 Co. 11:3).

La palabra griega “allos” significa: similar. Los falsos maestros hablan sobre el mismo Jesús como figura histórica, pero lo presentan de otra manera. Muchos concilios ecuménicos del primer milenio pelearon contra tales herejías, la mayor de las cuales fue la de los Arrios que negaban la deidad de Cristo. El concilio de Nicea depuso a Arrio en 325. La herejía Arria se volvería a presentar una y otra vez a lo largo de la historia de la Iglesia, y hoy es todavía evidente en los Testigos de Jehová y en los Mormones, quienes también niegan la trinidad y la deidad de Cristo. Si Jesús hubiera sido sólo un hombre, o un profeta, entonces Su muerte sacrificial hubiera tenido tanto significado como el sacrificio de los toros y corderos que no podían quitar nuestros pecados. Jesús dijo: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24).

¿Qué pasa si usted cree en un Jesús falsificado? Usted sería engañado por otro (heteros) espíritu. “Heteros” significa un espíritu completamente diferente al Espíritu Santo, lo cual sólo puede ser un espíritu maligno. Consecuentemente, usted tendría un evangelio diferente (heteros). No sería un evangelio de gracia, sino que sería un “evangelio” por obras completamente inadecuado. Jesús nos advirtió sobre esta posibilidad en su discurso en el Monte de los Olivos: “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mat. 24:23-24).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Marzo 18, 2013. La Trinidad

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deut. 6:4). El Judaísmo Antiguo Testamentario y el Cristianismo Neo Testamentario enfatizan, ambos, el monoteísmo (un solo Dios), contrario al politeísmo (muchos dioses) o el ateísmo (ningún dios o dioses). Pero sólo el Cristianismo reconoce la divina tri-unidad, la eterna co-existencia del Padre, Hijo y Espíritu Santo en la vida interna y personal de la Deidad.

La naturaleza de la Deidad, es revelada en el primer capítulo de la Biblia, cuando se usa el pronombre en plural: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gen. 1:26) La doctrina de la Trinidad fue revelada en la fórmula bautismal la cual fue declarada por Cristo mismo. “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19). Las Epístolas claramente enseñan la trina expresión de la Deidad, uniendo a los tres como los agentes de nuestra salvación y santificación. Tome nota de cómo Pablo une al creyente con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en Romanos 8:9 “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”.

A pesar de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan en unidad, todo fluye del Padre. Jesús dijo que Él no podía hacer nada por su propia cuenta (Juan 5:30; 8:42) y Él puso el modelo de una vida totalmente dependiente del Padre (Juan 17:7). En esta manera, nos dejó un ejemplo, que debemos seguir en Sus pasos (1 Pedro 2:21), ya que nosotros también debemos de vivir dependiendo del Padre. De la misma manera, el Espíritu Santo viene del Padre (Juan 15:26), y Él no habla por su propia voluntad (Juan 16:13). Cuando nos acercamos al Padre, lo hacemos en el nombre de Cristo Jesús con la guía del Espíritu Santo. La muerte sacrificial y la resurrección de Cristo Jesús es sólo la base mediante la cual nos podemos acercar a nuestro Padre Celestial, y es sólo trabajo del Espíritu Santo el dar testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Ro. 8:16), y también nos guía a toda verdad (Juan 16:13).

Después del Pentecostés, la predicación de Pedro reunió la obra completa de Cristo y el derramamiento del Espíritu Santo en una unidad divina. El regalo del Espíritu Santo es la evidencia de que Jesús fue exaltado y está sentado a la diestra del Padre Celestial. Durante los tres años de ministerio público de Jesús, “no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:39). “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor (Kurios) y Cristo” (Hech. 2:36). La palabra Kurios (Señor) se usa para Jesús en Judas 4 y se usa para Dios en Judas 5.

El credo de Atanasio dice: “Adoramos a un Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, ni mezclando a las Personas, ni dividiendo la sustancia, porque el Padre es una Persona, el Hijo otra Persona, y otra Persona el Espíritu Santo. Pero la Deidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es una, la gloria es igual y la majestad co-eterna”

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.