Diciembre 31, 2013. Justa Indignación

Nunca se nos instruye a negar nuestro enojo, pero se nos instruye a manejar nuestra vida emocional eligiendo creer la verdad y con las metas correctas para nuestra vida. La base de nuestra estabilidad emocional es nuestra identidad, aceptación, seguridad e importancia en Cristo. Ya que estamos establecidos en Cristo, entonces las pruebas y tribulaciones del mundo dejan de tener un efecto negativo sobre nosotros. De hecho, “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5). Las pruebas y tribulaciones de este mundo en realidad revelan metas equivocadas y al mismo tiempo hacen posible la meta de nuestra vida, es decir, conformarnos a la imagen de Dios (el carácter probado).

La Biblia en realidad habla más de la ira de Dios que sobre la ira del hombre. La ira de Dios no nace de Su inseguridad ni Él tiene metas bloqueadas. La ira de Dios es una justa indignación hacia el pecado. La maldición de la higuera y la limpieza del templo muestran su ira y juicio venidero (Marcos 11:12-28). Jesús no se enojó porque la higuera no tenía higos cuando Él quería. En esa época del año, la higuera debería haber tenido brotes comestibles, que se caían después, cuando vinieran los higos. El no tener brotes comestibles era señal de que no iba a dar fruto. La maldición de la higuera era un signo profético del inminente juicio de Dios sobre Israel, no una reacción de enojo porque Jesús tuviera hambre. La higuera improductiva simbolizaba la esterilidad espiritual de Israel.

Dios es increíblemente paciente hacia los que pecan. Nosotros seríamos mucho más rápidos en juzgar a los demás y obligarlos a sufrir las consecuencias de su pecado. Él también volcó las mesas, no a los cambistas. Él tiene la capacidad perfecta para separar el pecado del pecador. Si no fuera así, todos estaríamos condenados. Nosotros también debemos tener un sentido de justa indignación contra el pecado, pero necesitamos aprender de su ejemplo a cómo expresarlo.

Abraham Lincoln dijo: “Pecar callando cuando se debe protestar hace cobardes a los hombres”. Phillipp Melanchthon dijo, “Todo lo que se necesita para que el pecado abunde es que los hombres buenos no hagan nada”. La justa indignación nos mueve para corregir aquello que está mal. Si vamos a ser sal y luz en este mundo caído, tenemos que hablar la verdad, pero tenemos que hacerlo en amor. Debemos estar del lado de la justicia, pero debemos permanecer callados si no podemos hacerlo sin violar el fruto del Espíritu.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 30, 2013. Un Verdadero Sentido de Valía

¿Cómo se apropia un cristiano de su verdadero sentido de valía? Los dones espirituales son importantes para la edificación del cuerpo de Cristo, pero no todos tienen los mismos dones. Por lo tanto, “Pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (1 Corintios 12:24-25). Nuestros talentos individuales contribuyen al reino de Dios, pero Dios ha dado cinco talentos a unos, dos talentos a otros, y sólo un talento a otros más. ¿Significa eso que sólo los cristianos con cinco talentos pueden tener un sentido legítimo de valía? La respuesta es un rotundo no, y los que tratan de encontrar su identidad y sentido de valía en los dones y talentos corren el riesgo de no lograr la meta principal de Dios para sus vidas, que es desarrollar un carácter piadoso.

¿Son la inteligencia, la belleza y el desempeño los medios por los que obtenemos un sentido de valía? La respuesta es otra vez no. “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:27-29). Ciertamente no hay nada malo en ser un artista atractivo e inteligente que busca glorificar a Dios. Fue Dios quien dio esos dones a nuestra vida. Dios no ha distribuido igualmente dones, talentos e inteligencia a todos, pero Él se ha dado por igual a Sí mismo. Todos nos beneficiamos de Sus promesas y todos participamos en Su naturaleza divina (2 Pedro 1:4).

A diferencia de lo que pasa en este mundo, el terreno ante la cruz se ha nivelado. Todos tenemos la misma posición en Cristo. Los que añaden a su fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, bondad y amor fraternal nunca serán ociosos o improductivos (2 Pedro 1:3-8). Pedro no menciona ningún don o talento, porque Dios es un Dios justo. Hallamos nuestro sentido de valía por ser hijos de Dios y por nuestro crecimiento en carácter. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder” (vs. 3). Aquellos que saben quienes son en Cristo y tienen una vida caracterizada por el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza tendrá un sentido legítimo de valía y no dejarán de dar fruto. “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (vs. 10).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 27, 2013. Metas y Deseos

Para entender cómo podemos vivir con éxito la vida cristiana, necesitamos hacer una distinción entre metas piadosas y deseos piadosos. Una meta piadosa es cualquier dirección específica que refleje el propósito de Dios para nuestras vidas que no depende de personas o circunstancias que están más allá de nuestro derecho o capacidad de controlar. La única persona a la que tenemos el derecho y la capacidad de controlar es a nosotros mismos. Nada ni nadie puede evitar que seamos las personas que Dios quiere que seamos, y esa es la meta de Dios para nuestras vidas. La única persona que puede impedirme que alcance esa meta soy yo mismo.

Un deseo piadoso es cualquier resultado específico que depende de la cooperación de otras personas, del éxito de algunos eventos o de circunstancias favorables las cuales no tenemos ningún derecho o la capacidad de controlar. No podemos basar nuestra identidad, éxito, o sentido de valor en nuestros deseos, no importa que tan piadosos sean, porque no podemos controlar su cumplimiento. Dios desea que todos se arrepientan y vivan (Ezequiel 18:32), pero no todos lo harán. Dios le escribe a sus hijos para que no pequen (1 Juan 2:1), pero no considere que Él ha fracasado cuando lo hacemos. Dios no tiene metas bloqueadas y Él no tiene metas para nosotros que puedan ser bloqueadas, inciertas, o imposibles.

Si su meta como padre es tener una familia cristiana feliz y armoniosa, usted va a sufrir una gran cantidad de altibajos emocionales, especialmente si usted cree que su sentido de valía depende de ello. Ese es un deseo maravilloso, pero todos los miembros de su familia pueden y seguramente bloquearán esa meta en algún momento. Pero ¿qué pasa si usted hace que su meta sea ser el padre o madre y esposo(a) que Dios quiere que sea? ¿Quién puede bloquear esa meta? Usted es el único que puede hacerlo. Supongamos que un pastor bien intencionado tiene como meta principal triplicar el tamaño de su iglesia y ganar a su comunidad para Cristo. Cada miembro de la comunidad puede bloquear esa meta. Incesante en su afán, el pastor comienza a manipular a su gente y a presionarlos para que produzcan. Esa iglesia sufrirá muchos dolores hasta que el pastor se de cuenta de que su meta es llegar a ser el pastor que Dios quiere que sea, y esa es la mejor manera de ganar a la comunidad para Cristo.

No hay nada malo en tener deseos piadosos, como ganar a su comunidad para Cristo, pero no base su identidad y sentido de valía en su cumplimiento, y no trate de controlar y manipular a la gente con el fin de lograrlo. No tenemos que enojarnos, estar ansiosos o deprimidos si no se cumplen nuestros deseos, pero podemos sentirnos decepcionados. La vida está llena de decepciones, pero probablemente son parte de Su agenda para que usted pueda alcanzar una mayor madurez en Cristo. Las demás personas no siempre cooperan con nosotros y las cosas no siempre salen como queremos, pero eso no nos impide llegar a ser las personas que Él quiere que seamos, y esa es la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 26, 2013. Caminando Humildemente con Dios

Caminar por fe puede compararse con el juego de golf. Supongamos que un niño de cinco años de edad golpea la pelota y la manda a 75 yardas, pero con 15 grados de desviación respecto al centro de la calle del campo de golf. Debido a la corta distancia, la pelota probablemente aterrizará en el césped corto. Ahora el niño tiene diez años y golpea la bola 200 yardas. La pelota está, probablemente, en la parte agreste o en un obstáculo, con los mismos 15 grados de error. Una pelota golpeada 300 yardas con un error de 15 grados podría hacer que la bola aterrice fuera de los límites del campo de golf. Si lo que creemos está desviado 15 grados fuera de la palabra de Dios, puede no haber una gran cantidad de consecuencias negativas cuando somos jóvenes. Pero las habrá si seguimos caminando en esa dirección. De repente nos encontramos en la parte agreste o fuera de los límites. Una crisis de la mediana edad puede dejarlo a uno pensando: “Siempre creí que si hiciera esto o aquello, iba a tener éxito, a estar satisfecho o me sentiría realizado”. A medida que nuestra cultura se aleja de nuestras raíces judeocristianas, las consecuencias de lo que nuestros jóvenes creen se deja ver antes de que alcancen la edad adulta.

No tenemos que esperar hasta que nuestra vida se derrumbe para saber si nuestro caminar es según verdad o no. La respuesta emocional a lo que pensamos y creemos revela si estamos en el camino correcto. Recuerde que nuestras emociones son principalmente el producto de nuestros pensamientos. Consciente o inconscientemente, tenemos ciertas ideas o metas en nuestras mentes sobre cómo debemos vivir y qué debe pasar para que vivamos una vida de satisfacción y éxito, ya que a menudo nuestro sentido de valor está ligado a ellas. Supongamos que usted se acaba de enterar que su meta de ser promovido en el trabajo ha sido bloqueada por su supervisor. Es probable que usted se sienta enojado. ¿Qué pasaría si su promoción más bien es incierta? Probablemente se sentiría ansioso cada vez que pensara en ello. Y usted probablemente se sentiría deprimido si piensa que su meta de ser promovido fuera imposible.

Estaremos en una montaña rusa emocional si creemos que nuestra identidad y sentido valor dependen de otras personas y de las circunstancias de la vida. Si un pastor cree que su sentido de valor depende de como reaccione su congregación, entonces él puede tratar de controlarla o manipularla para que responda de la manera en que él quiere. Sin embargo, cada miembro de la congregación puede bloquear su meta. Supongamos que una madre cree que su sentido de autoestima depende de tener una familia cristiana viviendo en armonía y felicidad. Cada miembro de su familia puede y seguramente bloqueará su meta.

El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia . . . dominio propio (Gálatas 5:22,23). Si nuestra meta en la vida es llegar a ser la persona que Dios nos creó para ser, entonces el fruto del Espíritu se hará evidente en nuestras vidas. Independientemente de las circunstancias, experimentaríamos gozo en lugar de depresión, paz en lugar de ansiedad, y paciencia en vez de enojo. Cuando la vida no le está funcionando como usted quiere, como lo fue para Israel en los tiempos de Miqueas, entonces aprenda a hacer justicia, a amar misericordia, y a humillarse ante su Dios (Miqueas 6:8).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 25, 2013. La Encarnación

En el vasto océano de la eternidad hubo una ola que fue el tiempo. Dios salió de la eternidad y entró en el tiempo con el fin de que pudiéramos salir del tiempo y entrar a la eternidad. Se inició con la encarnación, el más severo reproche posible al orgullo humano. Jesús se humilló a sí mismo y se hizo hombre. Terminó con la crucifixión, el más severo reproche posible al egoísmo humano. Jesús dio Su vida para que pudiéramos vivir para siempre. ¿Cómo no darle gracias? La navidad se hace feliz cuando aceptamos Su regalo de la vida eterna, y estamos contentos cuando decidimos ser como Él en este año que viene. Así que Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 24, 2013. Venciendo la Ira

Nuestras emociones, que son dadas por Dios, son como la luz indicadora en el tablero de un automóvil señalando que algo está mal. Cubrir la luz con un trozo de cinta es equivalente a la supresión emocional. La supresión de las emociones es deshonesta y poco saludable. No darle salida a nuestras emociones es la causa de muchas enfermedades psicosomáticas. Romper el foco prendido es una expresión indiscriminada. Darle rienda suelta a nuestra ira daña nuestras relaciones y hiere a otros. Lo que debemos hacer es mirar debajo del capó del motor. Esto equivale a reconocer nuestras emociones. La madurez espiritual depende de nuestra honestidad emocional. No podemos estar bien con Dios y no ser honestos con nuestras emociones. Si es necesario, Dios puede tener que presionarnos para ser honestos con el fin de estar bien con él.

Saúl se enojó, porque David estaba recibiendo más aplausos que él (1 Samuel 18). Las personas inseguras se enfadan cuando su posición social está siendo afectada negativamente. Saúl ciertamente no vio bajo el capó, y descargó su ira contra David. Un poco de auto- revisión interna pudo haber evitado todo eso. David era el mejor amigo del hijo de Saúl. Había salvado a Israel del filisteo gigante, y había hecho con éxito todo lo que Saúl le enviaba a hacer (vs. 5). David estaba seguro porque el Señor estaba con él (vs. 12). Las personas que se saben seguras en Cristo son menos propensas a la ira, porque su identidad y sentido de valor se encuentran en Cristo, no en el éxito o el fracaso de los demás, ni en las circunstancias positivas o negativas de la vida.

Saúl estaba amargado después de su confrontación con Samuel (1 Samuel 15). El Señor rechazó a Saúl como rey sobre Israel por su rebelión y desobediencia, y le dijo a Samuel que ungiera a David como rey. No hay evidencia de que Saúl se haya arrepentido nunca de su pecado o que haya perdonado a David por relucir más que él. En el corazón de la gente enojada hay un espíritu amargo. Esa ira que no está resuelta le da lugar al diablo. Después de volcar su ira sobre David, “Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl” (vs. 10). Lo mismo puede pasar con nosotros si no perdonamos de corazón. Jesús dijo que el siervo que no quiso perdonar fue entregado a los verdugos para ser torturado (Mateo 18:34). La palabra griega para verdugo se utiliza casi exclusivamente para hablar de tormento espiritual en el Nuevo Testamento. Es por eso que Pablo dijo: “porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:10,11).

Pablo escribió: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26,27). Nuestra salud espiritual y mental dependen de lo bien que aprendemos a manejar nuestras emociones. No es un pecado estar enojado, pero en su enojo, no peque. Si desea no pecar, enójese a la manera de Cristo, enójese contra el pecado.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 23, 2013. Estudiando la Palabra de Dios

Si vamos a ser transformados por la renovación de nuestra mente, tenemos que ser estudiosos de la Palabra de Dios. No hay atajos. Nadie más puede estudiar por nosotros. Las viejas formas de vivir en este mundo tienen que ser sustituidas por nuevas formas de vivir en el reino de Dios. Las mentiras de este mundo tienen que ser reemplazadas por la verdad de la Palabra de Dios. La palabra de Dios descansando en el estante del librero no nos va a transformar. La verdad tiene que estar en nuestros corazones. No es suficiente pensar en la Biblia. Tenemos que pensar bíblicamente. El sabio ve la vida desde la perspectiva de Dios.

Esdras se dedicó a estudiar la palabra de Dios, pero también dio el siguiente paso, la cual es la parte más importante del aprendizaje. Observó la ley del Señor (Esdras 7:10). Aprendemos mucho más haciendo que sólo oyendo. Las personas retienen aproximadamente el diez por ciento de lo que escuchan, el veinte por ciento de lo que ven, pero el noventa por ciento de lo que hacen. Sólo cuando hemos incorporado la palabra de Dios en nuestras vidas estamos en posición de enseñar a otros. Los maestros tienen que vivir de acuerdo con lo que profesan creer para ser eficaces en ministrar a otros. Santiago dice: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:22-25).

La verdad de la Palabra de Dios no se supone que deba ser discutida intelectualmente sin que nos apropiemos de ella. La meta es la transformación, no la información. La verdad es para que entre en nuestros corazones, nos haga libres, y transforme nuestras vidas. Surgen conflictos interpersonales, y nuestro testimonio se ve comprometido cuando adoctrinamos a personas con conocimientos más allá de su madurez espiritual. Nos verán como metal que resuena o címbalo que retiñe (1 Corintios 13:1) si no tenemos amor. Un montón de ruido, pero nada de sustancia. El estudio de la Palabra de Dios no es un ejercicio intelectual. Es una interacción con Dios. La Palabra viva transforma nuestras vidas, y se hace evidente en la forma en que vivimos.

Dr. Neil

Traducción. Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 20, 2013. Elija la Verdad

Ser transformados por la renovación de nuestro entendimiento requiere una orientación adecuada hacia Dios. Las circunstancias no siempre nos permiten ser felices, pero siempre podemos regocijarnos en el Señor. El gozo es fruto del Espíritu y este gozo interior puede ser experimentado en cualquier circunstancia, porque “El Señor está cerca” (Filipenses 4:5). Pablo nos exhorta a deshacernos de nuestros pensamientos ansiosos volviéndonos a Dios. Él usa cuatro palabras para describir nuestra comunión con Dios. La Oración es un término general que describe el acercamiento de un creyente a Dios. La Súplica es una petición para una necesidad específica. La Acción de Gracias es una actitud del corazón que siempre debe acompañar a la oración. Las Peticiones son las cosas específicas por las que pedimos. Con esta orientación, “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (vs. 7).

Cuando usted se encuentre pensando pensamientos negativos o inmorales, sólo confiéselos a Dios. No trate de reprender todo pensamiento negativo. Si lo hace, será como una persona en medio del océano tratando de mantener doce corchos sumergidos mientras flota en el agua. Esa persona debe ignorar los corchos y nadar hasta la orilla. No somos llamados a disipar las tinieblas. Somos llamados a encender la luz. Usted gana la batalla por su mente al elegir la verdad. Tratar de no pensar en cosas negativas es inútil, ya que sólo refuerza el pensamiento negativo.

Por ser creados a imagen de Dios, tenemos la capacidad de elegir. Eso significa que podemos elegir creer o no creer, y podemos elegir lo que queremos pensar. No es suficiente volverse a Dios. Tenemos que asumir la responsabilidad por nuestros propios pensamientos. Dios habilitará el proceso, pero Él no va pensar por nosotros. Pablo nos exhorta a pensar en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre” (vs. 8). Estas seis características de nuestros pensamientos son excelentes y dignas de alabanza. Eso no quiere decir que neguemos la realidad o que vivamos en un mundo de fantasía donde todo sale bien. Estar fuera de contacto con la realidad es el primer signo de estar mentalmente enfermo. Una persona mentalmente sana está en contacto con la realidad, y Dios es la realidad última, pero también está la realidad de este mundo caído.

Necesitamos pasar tiempo con Dios lejos de las distracciones de este mundo. Allí encontramos la paz que sobrepasa todo entendimiento. Pero cuando volvamos a nuestras responsabilidades diarias, no podemos simplemente sentarnos y tratar de tener pensamientos positivos. Necesitamos poner nuestras ideas en práctica. Todo lo que hacemos es un producto de nuestros pensamientos. En otras palabras, no hacemos nada sin antes pensarlo. Cuando nos enfrentamos a la dura realidad de este mundo, tenemos que pensar, “¿Es esto cierto o no es cierto y cómo podría yo vivir la verdad y hablar la verdad en amor?”, “¿Qué es lo más noble que pudiera yo hacer, es decir, cómo podría yo responder de una manera digna que sea digna de respeto?”, “¿Cuál sería la manera recta de proceder?”, “¿Qué sería lo moralmente puro que puedo hacer?”, “¿Qué podría yo hacer que promueva la paz y la buena voluntad?”, “¿Qué podría yo hacer que fuera positivo y constructivo”.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 19, 2013. Dejando que Cristo Reine en Nuestros Corazones

El Salmo 119 es un devocional de la palabra de Dios. Cuenta con 22 divisiones, cada una encabezada por una letra diferente del alfabeto hebreo. El Salmista dijo: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra… En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti” (vs. 9,11). Pablo ahonda en esta instrucción en Colosenses 3:15, “Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones” (LBLA). Que reine significa actuar como un árbitro. ¿Cómo dejamos que la paz de Cristo sea el árbitro en nuestros corazones? Dejando que la palabra de Cristo more o habite en abundancia en nosotros (Col. 3:16).

Supongamos que usted ha almacenado una gran cantidad de suciedad en su mente. Un día, usted decide que la va a limpiar. En el momento que toma esa decisión, la batalla se pone peor. Mientras usted estaba cediendo mentalmente a los pensamientos tentadores, era casi imposible sentir la lucha. La batalla comienza en el momento que usted decide resistir los pensamientos tentadores y opta por limpiar su mente. ¿Cómo podemos hacer eso? Imagine que su mente es una jarra llena con café. Debido a que usted eligió mezclar café molido con el agua en la jarra, el líquido es oscuro, sucio, maloliente y opaco. No hay manera en que usted pueda filtrar el café disuelto en el agua, de la misma manera en que no hay un botón para eliminar los malos recuerdos en su mente.

Ahora supongamos que hay un recipiente con hielos transparentes como el cristal junto a la jarra, con un cartel que dice: “La palabra de Dios”. No hay manera en que usted pueda vaciar todo el contenido del recipiente en la jarra a la vez. Pero usted puede tomar un cubo de hielo por día y ponerlo en la jarra. Al principio puede ser que no note ninguna diferencia, pero si continúa poniendo en la jarra un cubo de hielo por día, no pasará mucho tiempo antes de que el líquido en la jarra comience a aclararse. Si lo hace el tiempo suficiente, usted no será capaz de sentir, oler o ver el café en la jarra. Todavía está ahí, pero se ha diluido por la palabra de Dios. Eso funcionará, siempre y cuando no ponga un cubo de hielo junto con una cucharada de café cada día.

Nuestras mentes son como las computadoras. Si les introducimos basura, obtendremos basura de ellas. El proceso de renovación de nuestra mente a menudo comienza con un par de pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Pasamos tiempo en la Palabra de Dios durante nuestros devocionales, pero luego volvemos al mundo del trabajo y el ocio, donde somos mentalmente asaltados de nuevo. Aprender a llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo requiere de tiempo y compromiso, pero se puede hacer. Al día siguiente damos tres pasos adelante y uno atrás, luego, cuatro pasos adelante y uno hacia atrás. Si nos mantenemos comprometidos con este proceso, pronto se convertirá en 20, 30 y 40 pasos hacia adelante y uno hacia atrás.

El Espíritu de Dios nos guiará a toda la verdad si optamos por este camino, y Él nos redargüirá si elegimos el camino equivocado. Podemos hacer el compromiso de ser como el salmista, que escribió: “Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras” (vs. 14-16).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Diciembre 18, 2013. Soportando la Disciplina

Traer la luz a un mundo en tinieblas da lugar a tres respuestas previsibles. En primer lugar, algunos huirán de la luz porque sus obras son malas. Jesús dijo: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.” (Juan 3:20). Las personas que viven en pecado se sienten condenadas cuando están con cristianos, y se mantienen alejadas de las iglesias que predican la verdad. En segundo lugar, algunos abrazarán la luz como una amiga liberadora y con gusto vendrán a Jesús. En tercer lugar, otros tratarán de desacreditar la fuente de luz. Esto es lo que trataron de hacerle a Jesús, y aquellos que dejen que su luz brille hoy recibirán insultos y persecuciones similares. “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante” (Hebreos 10:32,33).

Con esta oposición, ¿cómo podemos correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante”? (Hebreos 12:1). En primer lugar, “Considerad a aquel (Jesús) que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (vs. 3). En segundo lugar, consideremos a los héroes de la fe que se mencionan en el capítulo once de Hebreos. Ellos son la gran nube de testigos que nos animan a la victoria. Si ellos pudieron soportar el maltrato de los demás sin la vida de Cristo, imagine lo que podremos soportar con la vida de Cristo dentro de nosotros. La voluntad de Dios nunca nos llevará donde la gracia de Dios no nos puede sostener.

En tercer lugar, debemos soportar la disciplina (vs. 7). El escritor de Hebreos citó Proverbios 3:11,12 como una palabra de aliento (versículos 5,6). Ser disciplinado por Dios demuestra que somos hijos de Dios , “Porque el Señor al que ama, disciplina” (v. 6). Si nosotros como padres imperfectos sabemos de la necesidad de disciplinar a nuestros hijos, ¿cuánto más podemos esperar de la disciplina de Dios? Podemos soportar las dificultades como disciplina si sabemos que hay un propósito detrás de ellas. “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (vs. 11).

Resistir o soportar es la clave del éxito, la cual es 10% inspiración y 90% transpiración. Nunca vamos a cumplir nuestro propósito en la vida si continuamos eligiendo el camino de menor resistencia o abandonamos la carrera antes de terminar. Demasiados cristianos encuentran un poco de oposición y se dan por vencidos, diciendo: “¡Debe ser la voluntad de Dios!” Por el contrario, es la voluntad de Dios que usted persevere. “Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:36) .

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Liberad en Cristo en México.