Enero 29, 2014. El Ministerio de Oscuridad de Dios

Según Isaías 50:10-11, los siervos obedientes que temen al Señor pueden encontrarse caminando en oscuridad. Isaías no está hablando de la oscuridad del pecado; está hablando de la oscuridad de la incertidumbre. En la luz usted sabe quiénes son sus amigos y enemigos y el camino ante ustedes es claro, así como los obstáculos. Es fácil caminar en la luz, pero en la oscuridad cada instinto natural dice siéntate o deserta.

Dios llamó a Abraham de Ur a la Tierra Prometida y allí hizo un pacto con él (Génesis 12). Dios dijo que multiplicaría la descendencia de Abraham como las estrellas del cielo y como las arenas del mar. Así que Abraham se puso a vivir creyendo que la Palabra de Dios es verdad, pero luego llegaron años de oscuridad. Pasaron tantos años que la estéril esposa de Abraham maduró más allá de la posibilidad natural de dar a luz. Así que Abraham pensó que podía ayudar a Dios a cumplir y mantener su pacto creando su propia luz. Sara, su esposa, suministró el cerillo animando a Abraham que se llegara a Agar, su sierva (Génesis 16:1-9). Ese acto de adulterio dio lugar a dos razas, árabes y judíos, y hasta hoy el mundo entero está en dolor.

La tendencia natural en estos tiempos de oscuridad, cuando no vemos las cosas a la manera de Dios, es hacerlo a nuestra manera. De acuerdo con Isaías, cuando creamos nuestra propia luz, Dios lo permite, y la miseria le sigue. Mientras estaban siendo sacrificados otros bebés inocentes, Dios garantizaba la seguridad y protección de Moisés. El plan de Dios era usar a Moisés para liberar a Su pueblo. Años más tarde, Moisés sintió el llamado de Dios y sintió carga por su pueblo. Sacó su espada, mató a un hombre y se exilió en el otro extremo del desierto. Moisés caminó en oscuridad durante cuarenta años antes de que Dios encendiera la luz en la forma de una zarza ardiendo.

Durante estos tiempos de oscuridad y duda, Isaías nos exhorta a seguir caminando por fe a la luz de la revelación previa. Nunca dude en la oscuridad lo que Dios ha mostrado claramente en la luz, y tenga en mente que a menudo el tiempo más oscuro es justo antes del amanecer. Cuando usted esté inclinado a creer que la noche no terminará, considere las palabras de Isaías: “Me dan voces de Seir: Guarda, ¿qué de la noche? Guarda, ¿qué de la noche? El guarda respondió: La mañana viene, y después la noche” (Isaías 21:11-12). No importa que tan oscura sea la noche o que tan desesperantes sean las circunstancias, la mañana viene. Cuando la tentación de crear su propia luz sea abrumadora, simplemente aferrarse a la verdad de que esto también pasará. Evite tomar decisiones importantes cuando tenga una baja emocional. Decisiones desastrosas son tomadas por los que no esperan en el Señor.

El ministerio de oscuridad de Dios es una lección de confianza. Aprendemos a confiar en Él en los tiempos difíciles. Gracias a Dios por las experiencias cumbre, pero el crecimiento se lleva a cabo en los valles.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 28, 2014. El Sufrimiento Nos Acerca a Dios.

Nuestro amor por Dios se ve comprometido cuando amamos las cosas de este mundo. El sufrimiento nos ayuda a despojarnos de cualquier pretensión en nuestra relación con Dios. Nos aleja de todo lo que no es Dios, para que podamos aprender a amar a nuestro Padre Celestial por lo que Él es. Agustín dijo: “Dios nos quiere dar algo, pero no puede, porque nuestras manos están llenas, y no hay lugar para que Él lo ponga”. El sufrimiento vacía nuestras manos para que Dios nos pueda dar el verdadero tesoro de la vida. Dios sabe que el gozo de la vida sólo se puede encontrar en Él. Pero es posible que no lo busquemos, mientras pensemos que la felicidad se puede encontrar de otra manera. Si nuestra vida natural sigue siendo agradable, no hay ninguna razón de peso para rendirla. El sufrimiento hace que nuestras propias vidas naturales sean menos agradables.

Vivimos en un mundo en conflicto moral. La batalla entre el bien y el mal ha traído un sufrimiento que incluso Dios comparte. Él sufre por lo que el pecado ha hecho a Su creación. Isaías dijo: “En toda angustia de ellos él fue angustiado” (Isaías 63:9). Esta realidad del mal y de la verdadera naturaleza del amor de Dios por nosotros no se sabría excepto a través de la experiencia del sufrimiento. La única manera en la que el mal moral puede entrar en la conciencia de lo moralmente bueno, es como un sufrimiento. Una persona que es a la vez malo y feliz no tiene conocimiento de que sus acciones no están de acuerdo con las leyes morales del universo.

El sufrimiento tiene una manera de unir a la gente. Nos da la oportunidad para ministrarnos unos a otros. Tal ministerio sirve para unir a las personas y promueve la unidad entre los creyentes, que es por lo que Jesús está orando (Juan 17:21). “Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3,4). En medio de todo sufrimiento, primero necesitamos creer que Dios está siempre en control de nuestro sufrimiento. Puede ser que nunca sepamos la completa razón para todos los sufrimientos que padecemos, pero sabemos que Dios usará nuestros sufrimientos para nuestro bien y el Suyo. Dios siempre tiene un propósito para lo que hace y permite. En segundo lugar, Dios siempre tiene un límite en la cantidad de sufrimiento que permite para cada uno de nosotros. Por ejemplo, Satanás no podía tocar la vida de Job. Algunos santos como Job y Pablo, obviamente, tienen hombros más anchos que les permiten sufrir más por causa de la justicia. En tercer lugar, la presencia de Dios nos permitirá soportar la presión del sufrimiento si nos volvemos a Él. Si echamos nuestras cargas sobre Él, Él nos sostendrá (Salmo 55:22), pero puede ser que Él no quite el sufrimiento hasta que se logre Su perfecta voluntad. La voluntad de Dios no nos llevará donde la gracia de Dios no nos pueda sostener.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 27, 2014. El Sufrimiento Forja el Carácter

El dolor físico es necesario para nuestra supervivencia. Si usted no pudiera sentir dolor, su cuerpo estaría cubierto de cicatrices. El dolor emocional es sólo otra forma de sufrimiento y es necesario para nuestro crecimiento en Cristo. Necesitamos prestarle atención tanto al dolor físico, mental y emocional y adoptar medidas correctivas, o disminuirán nuestras posibilidades de supervivencia. El sufrimiento sin duda atraerá nuestra atención como debería. Los problemas pequeños a menudo nos sacan de nuestras casillas, pero los grandes problemas nos traen de vuelta a nosotros mismos.

Jesús, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, era el modelo perfecto para soportar el sufrimiento. Aparte del sufrimiento al que Se sometió para pagar las consecuencias de nuestro pecado, el sufrimiento también produjo algo en Su propia vida humana. La Escritura dice que Él fue hecho perfecto por medio del sufrimiento (Hebreos 2:9-10). “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia ” (Hebreos 5:8). Estos versículos no sugieren que Jesús hubiera sido desobediente o pecaminoso. Más bien, se refieren a su crecimiento desde la infancia hasta la edad adulta cuando tomó la forma de hombre. Su experiencia de crecimiento a través del sufrimiento lo hizo un Sumo Sacerdote compasivo que podía identificarse con la gente y acudir en ayuda de los que sufren. Mientras sufría, Cristo modeló obediencia a nuestro Padre Celestial sin importar el costo. En su humanidad, Jesús aprendió la cadena de valores morales que se desarrollan como resultado de la adversidad. “Sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” (Romanos 5:3-4).

El proceso de despojarnos del viejo hombre es doloroso, porque negarnos a nosotros mismos no es fácil y no hay manera de morir sin dolor. Rendir nuestro derecho a autogobernarnos, que neciamente hemos reclamado como nuestro derecho, es un proceso doloroso. Los dolores de crecimiento son una parte inevitable de la vida. Las oraciones de usted son escuchadas por su amoroso Padre, pero pueden no ser respondidas de la manera que usted pensaba, tal como lo ilustra el autor desconocido de este poema:

Le pedí a Dios fortaleza, para que pudiera yo obtener logros; fui hecho débil, para que aprendiera humildemente a obedecer. Pedí salud, para que pudiera yo hacer grandes cosas; se me dieron dolencias, para que pudiera yo hacer cosas mejores. Pedí riquezas, para que pudiera yo ser feliz; se me dio pobreza, para que me volviera sabio. Pedí poder, para que pudiera yo tener el reconocimiento de las personas; se me dio la debilidad, para que pudiera yo sentir la necesidad de Dios. Pedí todas las cosas, para que pudiera yo disfrutar de la vida; me dieron la vida, para que pudiera yo disfrutar de todas las cosas. No recibí nada de lo que pedí, pero sí todo lo que yo había esperado. Casi a pesar de mí mismo, mis oraciones no expresadas me fueron contestadas.

¡Soy, entre todos los hombres, el más ricamente bendecido!

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 24, 2014. Sufriendo por Causa de la Justicia

El sufrimiento comúnmente se entiende como la consecuencia de nuestro propio pecado o el pecado de otros, que Dios permite para el perfeccionamiento de nuestra fe. Cuando David pecó, sintió la pesada mano de Dios tanto en sufrimiento físico como mental (Salmos 32:3-5). Los tres amigos de Job creían (erróneamente) que sufría por haber hecho algo mal. Pero Dios permitió que Job sufriera a manos de Satanás, porque era un hombre justo (Job 1:8).

Los cristianos siempre han batallado con la pregunta: “¿Por qué le suceden cosas malas a la gente buena?”. Esa pregunta no se puede contestar completamente sin tener en cuenta las influencias malignas de Satanás y sus demonios que se oponen activamente a la voluntad de Dios. Si Dios y la humanidad fueran los únicos actores, entonces uno o el otro, inevitablemente, tendrían que asumir la culpa por todo el sufrimiento en este mundo. Esa fue la conclusión de la esposa de Job, que respondió al sufrimiento de Job, diciendo: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9).

En el principio del libro de Job Satanás le pregunta a Dios: “¿Acaso teme Job a Dios de balde?” (Job 1:9). En otras palabras, “¿Los hijos del pacto de Dios aman al Señor por lo que Él es, o aman a Dios por Sus bendiciones?”. Dios respondió al permitir que Job sufriera a manos de Satanás. Los tres amigos de Job estaban equivocados cuando insistieron que Job estaba sufriendo porque hizo algo mal. Job cometió el error de defenderse. La defensa de Job de sí mismo llegó a su fin cuando Dios le preguntó: “¿Quién eres tú para cuestionarme, Job?, si yo soy Dios, entonces tengo el derecho de hacer de tu vida lo que quiera”.  Job estuvo de acuerdo y “aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:10).

Aprendemos dos valiosas lecciones de Job. En primer lugar, tenemos la seguridad de que Dios nos librará y nos hablará en nuestro sufrimiento (Job 36:15). En segundo lugar, tenemos la seguridad de que Dios va a hacer lo correcto en el final. El identificarnos con Cristo en este mundo caído incluirá algún sufrimiento por causa de la justicia. “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12). Como hijos de Dios compartimos en Su herencia y Sus sufrimientos (Vea Romanos 8:17). “Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación” (2 Corintios 1:5).

Pedro nos aconseja que no seamos sorprendidos por las dolorosas pruebas de sufrimiento, sino más bien regocijarnos de que estamos participando en el sufrimiento de Cristo (1 Pedro 4:12,13). No asuma que los demás están sufriendo porque han hecho algo mal. Pueden estar sufriendo porque están haciendo algo bien. “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (2 Pedro 4:19).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 23, 2014. Compromiso para Vencer la Depresión

En primer lugar, comprométase a buscar su completa recuperación. La clave para cualquier recuperación es el compromiso. Eso significa que no hay excusas para no seguir adelante, ni para culpar a alguien más.

En segundo lugar, comprométase a orar primero acerca de todo. La tendencia en el mundo occidental es a buscar todas las posibles explicaciones naturales y curas primero. La Escritura nos dice que busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia. La primera cosa que un cristiano hace acerca de cualquier cosa es orar.

En tercer lugar, busque una relación íntima con su Padre Celestial. Para ello es necesario el arrepentimiento y la fe en Dios. Puede resolver sus conflictos personales y espirituales yendo a través de los “Pasos Hacia la Libertad en Cristo”. Para estar mentalmente sano, usted debe tener un verdadero entendimiento de quién es Dios y estar en recta relación con Él como Su hijo.

En cuarto lugar, crea que usted es un hijo de Dios. La segunda condición básica para la salud mental es que tenga una comprensión bíblica de quien es usted en Cristo y saber lo que significa ser un hijo de Dios. Usted no puede todo el tiempo sentir o portarse de una manera que sea incompatible con lo que usted cree sobre usted mismo.

En quinto lugar, consagre su cuerpo a Dios (Romanos 12:1). Si los cuatro pasos anteriores no curan su enfermedad psicosomática, entonces consulte a un médico para un examen físico completo. Hay muchas formas de depresión biológica que pueden ser diagnosticadas y tratadas. Los trastornos del sistema endocrino pueden producir síntomas de depresión. Estos incluyen la posibilidad de una baja de azúcar, agotamiento adrenal, el mal funcionamiento de la glándula pituitaria y del sistema reproductor femenino. Haga lo necesario para tener un equilibrio adecuado en su nutrición, ejercicio y dieta. En esta etapa puede ser necesaria la medicación para curar el cuerpo.

En sexto lugar, comprométase a buscar la renovación de su mente. La depresión mental se deriva de verse en forma negativa usted mismo, sus circunstancias, y el futuro. Estos juicios negativos sólo se pueden superar renovando nuestras mentes (Romanos 12:2) al elegir creer la verdad (Filipenses 4:6-9).

En séptimo lugar, comprométase a vivir responsablemente en sana relación con los demás. Usted no necesita sentirse bien para portarse bien, sino portase bien para sentirse bien. Jesús dijo: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17). Programe su ejercicio físico, planifique sus actividades importantes, y luego hágalas. Usted todo lo puede en Cristo (Filipenses 4:13).

En octavo lugar, comprométase a superar todas sus pérdidas, ya sean reales, bajo amenaza, o imaginarias. Sus pérdidas no lo definen. Afiance su identidad en Cristo, y elija ser más como Él.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 22, 2014. Creciendo a Través de las Pruebas

En el fragor de la batalla, vale la pena dar un paso atrás y poner todo en perspectiva. ¿Importará esto para la eternidad? ¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo? ¿Dónde está Dios, y lo que está tratando de lograr? Eso es de lo que Pablo habla en Romanos 5:1-5. Hemos sido justificados y en medio de cualquier prueba tenemos acceso a Dios. Podemos mirar con confianza al futuro porque tenemos esperanza en Dios. Con esto en mente, podemos regocijarnos en nuestros sufrimientos, porque hay un propósito divino detrás de ellos. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4). Perseverar a través de las pruebas y tribulaciones es lo que desarrolla nuestro carácter. La voluntad de Dios para nuestras vidas es nuestra santificación (1 Tesalonicenses 4:3), y esto se lleva a cabo forjando nuestro carácter a través de la perseverancia. La esperanza es la seguridad presente de un buen futuro. El amor de Dios nunca permitirá que suframos más de lo que podemos soportar, y por su gracia podemos perseverar.

Ver la vida desde una perspectiva temporal puede conducir a una falsa esperanza. La gente ve sus trabajos como sin esperanza, así que cambian de trabajo, o ven sus matrimonios como sin esperanza, así que cambian de cónyuge, o ven sus iglesias como sin esperanza, así que cambian de iglesia. Pablo y Santiago nos exhortan a mantener el rumbo y crecer. Puede haber razones legítimas para cambiar de empleo o de iglesia, pero no si usted está abdicando a su responsabilidad de crecer por huir de las presiones de la vida. Usted tendrá que enfrentar los mismos obstáculos nuevamente, y huir hace el proceso más difícil.

Supongamos que un marido comparte con su pastor que su esposa lo acaba de dejar. ¿Cómo puede el pastor ministrarle esperanza? Decirle, vamos a ganarla de vuelta, es darle una falsa esperanza. Ninguno de los dos tiene el derecho o la capacidad para controlarla. El marido que intenta manipularla, forzarla o coaccionarla para que regrese, tiene que darse cuenta de que tal comportamiento es, probablemente, lo que causó que se fuera en primer lugar. Sería mejor que el pastor le dijera: “Si usted no ha hecho el compromiso de ser el esposo y padre que Dios lo ha llamado a ser, ¿estaría usted dispuesto a hacer ese compromiso ahora?”. Él no puede cambiarla, pero puede cambiarse a sí mismo, y eso es, con mucho, la mejor manera de ganarla de vuelta. Incluso si ella no regresa, él puede crecer a través de la crisis y ser una mejor persona en el futuro, que es donde reside su esperanza. La prueba de nuestro carácter está determinada por lo que se necesita para detenernos de ser la persona que Dios nos ha llamado a ser.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 21, 2014. El complejo de Elías

Elías era un “hombre de Dios”. Acababa de ser testigo del poder de Dios en contra de los profetas de Baal. Cuando Jezabel lo supo, le mandó decir: “Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos” (1 Reyes 19:2). Este increíble hombre de Dios tuvo miedo y corrió para salvar su vida. Dejó a su sirviente en Beerseba y se fue un día de camino por el desierto. Corrió porque creyó una mentira, al igual que cualquiera de nosotros puede hacerlo. Y dijo con desesperación: “Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido” (versículos 4,5).

Elías estaba manifestando muchos de los síntomas clásicos de la depresión. Tenía miedo, fatiga, se sentía como un fracasado sin esperanza, se sentía aislado y solo. Eso puede suceder después de una experiencia cumbre. Rebosante de confianza y lleno de victoria, Elías era vulnerable. La confianza en Dios puede convertirse fácilmente en confianza en uno mismo cuando bajamos la guardia. Dios, en su misericordia, le recetó algo de comida y descanso a su desanimado guerrero. “Y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua” (versículos 5,6).

Podemos deprimirnos cuando nuestros electrolitos están agotados y nuestros cuerpos están funcionando incorrectamente por falta de comida, como era probablemente el caso de Elías. Dios atendió estas deficiencias prescribiendo comida y descanso. Sin embargo, la causa que le provocó la depresión de Elías no era física. Este siervo fiel siempre había sido obediente a Dios, pero ahora el Señor le pregunta dos veces, “¿Qué haces aquí, Elías?” (versículos 9,13). Elías responde: “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida” (versículo 10). Elías corrió, porque creyó una mentira, no porque Dios lo enviara al desierto, y Elías no era el único que quedaba. Habían otros 7.000 que no habían doblado sus rodillas ante Baal (versículo 18).

Dios no le estaba pidiendo Elías (o a nosotros) que estableciera Su reino o que trajera juicio sobre los que no guardaban Su pacto. Le estaba pidiendo a Elías (y a nosotros) que confiara en Él y lo siguiera adondequiera que Él lo condujera. Él traerá el juicio a su debido tiempo, y establecerá Su reino a Su manera y en Su tiempo. Elías estaba asumiendo la responsabilidad exclusiva de hacerlo por sí mismo y acabó mentalmente deprimido y agotado físicamente.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 20, 2014. Sobreviviendo a las Crisis

Ya que todos experimentamos pérdidas en nuestras vidas, tenemos que aprender a aceptar lo que no podemos cambiar y crecer a través de las crisis. Qué tan bien manejamos cualquier crisis está determinado por la forma en que procesamos tres constructos mentales. El primero es la permanencia. La velocidad de recuperación de una crisis se verá muy afectada por lo que pensemos de acuerdo con si las consecuencias de la crisis tendrán un efecto negativo a corto o largo plazo sobre nosotros. La pérdida es permanente, pero no tiene que afectarnos de forma permanente. Existe el potencial de crecer a través de cada crisis. Suponga que su nuevo empleador es muy irritable. Es un problema a corto plazo, si usted piensa que es sólo un estado de ánimo pasajero, y tendrá poco efecto en usted. Pero es un problema a largo plazo si usted cree que la persona está siempre irritable. Usted puede responder a esta crisis de las siguientes maneras: “No voy a hacerle caso”. Eso es negación. “Yo también voy a estar irritable”. Eso es ira. “Voy a tratar de apaciguarlo”. Eso es negociación. “Estoy atrapado con esta persona irritable que no puedo cambiar”. Eso es deprimente. “Voy a dejar este trabajo”. Eso es resignación. “Voy a amarlo y aprender a vivir con él”. Eso es aceptación.

El segundo constructo es la dominancia. Usted se recuperará lentamente de una crisis si piensa que su vida está arruinada. Si experimenta una derrota, usted no es un perdedor. Si no puede cumplir con una meta, usted no es un fracasado. Si lo despiden del trabajo, no quiere decir que nunca más se volverá a emplear. Es natural dolerse por lo que hemos perdido, y es una parte importante del proceso de recuperación. Sin embargo, una depresión prolongada debido a pérdidas significa un apego excesivo a personas, lugares y cosas que no tenemos ningún derecho de controlar o la capacidad de hacerlo. El misionero y mártir, Jim Elliot dijo: “No es ningún tonto el que cede lo que no puede conservar para ganar lo que no puede perder”.

El tercer constructo mental es la personalización. Echarse la culpa usted mismo por cada pérdida lo mantendrá en un bache. Si usted experimenta una pérdida en un área, no lo generalice a una crisis total. Manténgalo en esa área. Si usted experimenta una crisis de hoy, no permita que eso lo afecte mañana. Mantenga recuentos cortos. Si el mundo se está desintegrando a su alrededor, no acepte la culpa cuando no es apropiado. Si usted está sufriendo las consecuencias de una mala decisión, entonces cambie lo que pueda, minimice sus pérdidas y siga adelante. Tales pérdidas a menudo provocan que evaluemos quienes somos, sobre todo si nuestra identidad estaba ligada a lo que perdimos (es decir, trabajo, o cónyuge). Una crisis puede profundizar nuestra relación con Dios y hacer sólida nuestra identidad en Cristo. Las pérdidas también aceleran la necesidad de nuevas relaciones y cambios de escenario. Estos cambios probablemente son necesarios para nuestro crecimiento en Cristo, pero no se habrían hecho si no nos vemos obligados a hacerlo.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 17, 2014. Superando las Pérdidas

A nadie le gusta estar pensando que las cosas no van a permanecer. Vivimos cada día con el supuesto de que el día de mañana será igual. Hacemos planes para el futuro con la idea de que vamos a conservar la salud, el mismo viejo trabajo, la familia y los amigos. Santiago dice lo contrario. “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:13-15). Sólo Dios es permanente, todo lo demás cambia. Somos, por naturaleza, gente que se enfoca en el tiempo, que están en el proceso de aprender a ver la vida desde la perspectiva eterna de Dios.

Tres veces Jesús le dijo a Sus discípulos que iría a Jerusalén y allí sería traicionado y crucificado. La primera vez (Marcos 8:31), en esencia negaron a Jesús y Pedro incluso lo reprendió. La segunda vez (Marcos 9:32), no entendieron y tenían miedo de hablar de ello. En la tercera ocasión (Marcos 10:32-34), los discípulos se asombraron. La vida que llevaban pronto terminaría. Todos pasamos por una reacción muy predecible cuando nuestro estilo de vida acostumbrado termina abruptamente por una crisis. Por lo general, la crisis se da por una pérdida significativa que puede ser real, amenazante o imaginaria.

Nuestra primera reacción es la negación, lo cual puede durar tres minutos o treinta años. La reacción inicial es una sensación de incredulidad: “¡No, no a mí!”. Luego nos enojamos y nos preguntamos, “¿Cómo puede esto sucederme a mí?”. La ira a menudo se convierte en negociación. “¿Tal vez pueda cambiar lo que pasó?”. Finalmente, nos sentimos deprimidos cuando las consecuencias de la pérdida no pueden ser revertidas. La reacción a las pérdidas es la causa principal de la depresión. Ninguna crisis nos puede destruir, pero pueden revelar lo que somos o creemos.

Aprender a superar las pérdidas es una parte fundamental de nuestro proceso de crecimiento. Todo lo que tenemos ahora, algún día lo vamos a perder, excepto por nuestra relación con Dios. Las preguntas clave son: ¿Vamos a elegir el camino de la resignación y permitir que la pérdida nos afecte negativamente por el resto de nuestras vidas, o vamos a aceptar lo que no podemos cambiar y crecer a través de la crisis? Una persona sabia dijo una vez: Una curva en el camino no es el final del camino, a menos que fallemos en dar la vuelta.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Enero 16, 2014. Veinte “Puedos” del Éxito

Alguien una vez dijo: Si usted cree que puede o si cree que no puede, de cualquier manera tiene usted razón. Hay algo de verdad en este axioma, pero no se puede superar la sensación de impotencia, sólo pensando positivamente. Se vence el sentirse impotente con el poder de Dios y creyendo la verdad. Alguien dijo alguna vez que el éxito viene de decir “puedo” y el fracaso viene de decir “no puedo”. Los siguientes, son veinte “puedos” del éxito que le ayudarán a vencer la sensación de impotencia.

1. ¿Por qué he de decir que no puedo cuando la Biblia dice que todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13)?

2. ¿Por qué he de preocuparme por mis necesidades cuando sé que Dios se hará cargo de todas mis necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4:19)?

3. ¿Por qué he de tener miedo cuando la Biblia dice que Dios no me ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio (2 Timoteo 1:7)?

4. ¿Por qué he de carecer de fe para vivir por Cristo, cuando Dios me ha dado una medida de fe (Romanos 12:3)?

5. ¿Por qué he de ser débil cuando la Biblia dice que el Señor es la fortaleza de mi vida y que me esforzaré y actuaré porque conozco a Dios (Salmo 27:1 ; Daniel 11:32)?

6. ¿Por qué he de permitir que Satanás controle mi vida si mayor es el que está en mí que el que está en el mundo (1 Juan 4:4)?

7. ¿Por qué he de aceptar la derrota cuando la Biblia dice que Dios siempre me lleva en triunfo (2 Corintios 2:14)?

8. ¿Por qué he de carecer de sabiduría cuando sé que Cristo se hizo sabiduría de Dios para mí y Dios me da sabiduría abundantemente cuando se la pido (1 Corintios 1:30 ; Santiago 1:5)?

9. ¿Por qué he de estar deprimido cuando puedo traer a la memoria la misericordia, la compasión y la fidelidad de Dios y tener esperanza (Lamentaciones 3:21-23)?

10. ¿Por qué he de preocuparme y estar molesto cuando puedo echar toda mi ansiedad sobre Cristo que tiene cuidado de mí (1 Pedro 5:7)?

11. ¿Por qué he de estar alguna vez esclavizado cuando sé que Cristo me ha hecho libre y que donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (Gálatas 5:1 ; 2 Corintios 3:17)?

12. ¿Por qué he de sentirme condenado cuando la Biblia dice que ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1)?

13. ¿Por qué he de sentirme solo cuando Jesús dijo que Él está conmigo todos los días y que nunca me dejará ni me desamparará (Mateo 28:20, Hebreos 13:5)?

14. ¿Por qué he de sentirme como que estoy maldecido cuando la Biblia dice que Cristo me redimió de la maldición de la ley, a fin de recibir Su Espíritu por la fe (Gálatas 3:13,14)?

15. ¿Por qué he de estar descontento cuando yo, como Pablo, puedo aprender a contentarme, cualquiera que sea mi situación (Filipenses 4:11)?

16. ¿Por qué he de sentir que no valgo cuando Cristo se hizo pecado por mí para que yo fuese hecho justicia de Dios (2 Corintios 5:21)?

17. ¿Por qué he de sentirme impotente en presencia de otras personas cuando sé que si Dios es por mí, y que nada ni nadie mayor puede contra mí (Romanos 8:31)?

18. ¿Por qué he de estar confundido cuando Dios es autor de paz y Él me da conocimiento por medio de su Espíritu que vive en mí (1 Corintios 2:12 ; 14:33)?

19. ¿Por qué he de sentirme como un fracasado cuando soy más que vencedor por medio de Cristo que me amó (Romanos 8:37)?

20. ¿Por qué he de dejar que las presiones de la vida me molesten cuando puedo tomar valor al saber que Jesús ha vencido al mundo y sus problemas (Juan 16:33)?

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.