Febrero 24, 2014. Discernimiento Espiritual

En un mundo saturado de espíritus engañosos, falsos profetas y falsos maestros, no podemos exagerar en la necesidad de ejercer el discernimiento. Como creyentes, pensamos con nuestras mentes, pero discernimos con nuestros espíritus. Mentalmente, podemos saber si algo está bien o mal en el reino natural mediante la observación y la investigación. Teológicamente, podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con una declaración verbal o escrita, sobre la base de nuestra educación, experiencia y comprensión de la Palabra de Dios. Sin embargo, el mundo espiritual no siempre es perceptible por nuestros sentidos naturales. Trazar nuestro camino en el mundo espiritual requiere de la presencia de Dios. Cuando el Espíritu Santo viene a morar en nuestra vida, da testimonio a nuestro espíritu y nos permite reconocer el bien del mal en la esfera espiritual. Esta habilidad dada por Dios para discernir es como un sexto sentido que nos permite saber que algo está bien o mal, aunque es posible que no sepamos intelectualmente si está bien o está mal.

La interacción entre Dios y Salomón es útil para comprender el discernimiento espiritual (1 Reyes 3:5-15). David había muerto, y Salomón había tomado su lugar como rey de Israel. Salomón amaba al Señor, pero como él mismo dijo, era demasiado joven e inexperto para ser rey (vs. 7). El Señor se le apareció a Salomón en un sueño en la noche, y Dios le dijo: “Pide lo que quieras que yo te dé” (vs. 5). Salomón pidió y el Señor le dio un corazón entendido para juzgar a Su pueblo, y para “discernir entre lo bueno y lo malo” (v. 9).

Este pasaje revela dos conceptos clave sobre el discernimiento. En primer lugar, Dios le dio a Salomón la capacidad de discernir, porque sus motivos eran puros. Salomón no estaba pidiendo un corazón sabio y entendido para su propio beneficio personal, ni siquiera para obtener una ventaja sobre sus enemigos. Quería discernimiento para administrar justicia y distinguir el bien del mal. El motivo es crucial, ya que el poder de discernir puede ser mal utilizado en la Iglesia. Es una poderosa ventaja saber algo que nadie más sabe.

En segundo lugar, el discernimiento espiritual está siempre en el plano del bien y del mal. El Espíritu Santo nos deja saber en nuestro espíritu cuando algo está mal. Es nuestra primera línea de defensa cuando nuestros sentidos naturales no son capaces de registrar ningún peligro o dirección. Sin embargo, la capacidad de discernir espiritualmente no niega la necesidad de conocer la palabra de Dios.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 21, 2014. Disciplinando a un Niño

Proverbios 29:17 dice: “Corrige a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma”. La disciplina es una prueba de nuestro amor y hay muchas maneras de disciplinar, pero cada niño no responde de la misma manera a la misma disciplina. Para saber cuál de las siguientes formas de disciplina es apropiada para cada niño se requiere una comprensión de sus hijos y rara vez es necesaria la aplicación de la misma disciplina para cada niño todo el tiempo.

1.      Comunicación: La comunicación es la forma más común de disciplina. Los padres deben hacer una declaración clara de sus expectativas y de las consecuencias para la desobediencia. Una regla debe ser definible, defendible, y aplicable. La comunicación verbal después de la desobediencia es una poderosa forma de disciplina. Incluso el silencio de los padres comunica mucho. Saber que han decepcionado a sus padres puede ser más doloroso que unas nalgadas.

2.      Consecuencias naturales: Permitir a los niños experimentar las consecuencias naturales de su desobediencia y comportamiento irresponsable es muy eficaz, especialmente para los niños de carácter fuerte. Algunos niños sólo aprenden por las malas. Rescatar al niño de sus propios errores puede impedir seriamente su crecimiento. Necesitan entender la conexión entre causa y efecto.

3.      Las consecuencias lógicas: La asignación de tareas o la restricción de privilegios que están lógicamente conectados al pecado o desobediencia les enseña, de manera eficaz, a ser responsables.

4.      Refuerzo: Refuerzo es sorprender a sus hijos haciendo algo bien y recompensar su buen comportamiento. La buena conducta recompensada es más probable que se repita.

5.      Extinción: Llorar o hacer una rabieta puede ser una manera de llamar la atención. Si usted deja que ellos hagan su rabieta, comienzan a darse cuenta de que no está funcionando. El niño está condicionando a los padres cuando funciona. Los padres sabios no le hacen caso a tales técnicas de manipulación.

6.      Nalgadas: La Biblia enseña que las nalgadas se pueden utilizar para señalar un mal comportamiento. Las nalgadas no deben ser utilizadas como castigo, sino con el propósito de moldear la conducta futura. No se les da nalgadas a los niños para desquitarse, usted se las da para que no lo vuelven a hacer y siempre se debe hacer en amor con un instrumento que no sea su mano.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 20, 2014. Instruyendo a un Niño

Toda la disciplina del  mundo no puede convertir a un tulipán en una rosa. Un padre tiene que instruir al niño en el camino que debe ir (Proverbios 22:6), no en el camino que el padre quiere que vaya. En consecuencia, los padres tienen que ser estudiantes de sus propios hijos y ayudarlos a ser lo que Dios quiere que sean. Para lograr esto, el padre tiene que adaptar el estilo de crianza correcto. El siguiente diagrama muestra cuatro estilos diferentes:

Las dos influencias más poderosas en la crianza de los hijos son el control y el apoyo (o respaldo). El control de los padres se define como la capacidad para manejar la conducta o comportamiento del niño. El apoyo de los padres es la capacidad de hacer que un niño se sienta amado. Por definición, los padres con autoridad tienen la habilidad para hacer que sus hijos se sientan amados y la habilidad para controlar su comportamiento. Los padres permisivos aman a sus hijos, pero no pueden controlar su comportamiento. Los padres negligentes no hacen ninguna de las dos cosas. Los padres autoritarios tratan de controlar el comportamiento de sus hijos, pero fracasan en hacer que se sientan amados.

Algunos estudios han demostrado que los hijos de padres con autoridad tienen el más alto sentido de valor propio, se adaptan más fácilmente a la autoridad, están más dispuestos a aceptar la religión de sus padres, y son menos propensos a rebelarse contra la sociedad. Los padres permisivos producen niños que ocupan el segundo lugar en las cuatro categorías que acabamos de mencionar y los padres autoritarios producen niños que se ubican en los peores lugares. Obviamente, es más importante hacer que un niño se sienta amado que controlar su conducta. Usted no siempre podrá ser capaz de controlar el comportamiento de su hijo, pero siempre podrá amarlo porque su capacidad para amar no depende del niño. La investigación refuerza lo que Pablo escribió: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).

Los niños hacen dos preguntas. “¿Me amas y, puedo hacer lo que yo quiero?” El padre permisivo responde que sí a ambas preguntas y potencialmente echa a perder al niño. El hijo de un padre negligente no se siente amado y se sale con la suya. El hijo de los padres negligentes tiene las mayores posibilidades de ser un delincuente juvenil. El padre autoritario responde que no a ambas preguntas. Trágicamente, muchos padres recurren al autoritarismo cuando los problemas surgen en el hogar, que es lo peor que pueden hacer. El niño que está excesivamente controlado y poco amado está lleno de culpa y vergüenza o se rebela contra la autoridad, o ambas. Los padres con autoridad establecen límites y mantienen la disciplina al mismo tiempo que demuestran amor genuino. Tendrán los niños mejor adaptados.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

18 de febrero de 2014. El Marimonio, una Relación de Pacto

El Señor no estaba complacido con la falsa adoración de su pueblo del pacto en el Antiguo Testamento y explica por qué: “Claman: «¿Por qué el Señor no acepta mi adoración?». ¡Les diré por qué! Porque el Señor fue testigo de los votos que tú y tu esposa hicieron cuando eran jóvenes. Pero tú le has sido infiel, aunque ella siguió siendo tu compañera fiel, la esposa con la que hiciste tus votos matrimoniales. ¿No te hizo uno el Señor con tu esposa? En cuerpo y espíritu ustedes son de él. ¿Y qué es lo que él quiere? De esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y permanece fiel a la esposa de tu juventud. «¡Pues yo odio el divorcio! —dice el Señor, Dios de Israel—. Divorciarte de tu esposa es abrumarla de crueldad —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales—. Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu esposa»” (Malaquías 2:14-16, NTV).

Los que se divorcian aborrecen el divorcio también. Nadie se siente bien cuando fracasa en honrar sus promesas. El matrimonio es como pegar dos hojas de papel. Cualquier intento por separarlas daña ambas hojas, así como a los hijos de los que se divorcian. Adán y Eva debían fructificar y multiplicarse y llenar la tierra con su descendencia. Dios está buscando una descendencia piadosa que venga de un matrimonio entre un hombre y una mujer que le honran.

Sólo hay dos relaciones de pacto en la actualidad. Ambas se basan en la Palabra de Dios y están arraigadas en Su carácter. La primera y más importante es nuestra relación del Nuevo Pacto con Dios. La segunda es el matrimonio entre un hombre y una mujer. Todas las otras relaciones significativas son por contrato o de mutua conveniencia. Dos personas pueden tener una relación de pacto con Dios, y por lo tanto tener comunión o parentesco espiritual la una con la otra. Pero no tienen una relación de pacto entre ellas a menos de que estén casadas. Los contratos están redactados para proteger a todas las partes en caso de que uno no cumpla. Las partes inocentes pueden emprender acciones legales por incumplimiento del contrato. El matrimonio no es un contrato que permite que uno se vaya cuando el otro no satisface sus expectativas.

Un pacto es una promesa a cumplir independientemente de la otra persona y hecho para durar sin importar las circunstancias. Los votos matrimoniales son un pacto de compromiso para permanecer fieles como esposo o esposa, para bien o para mal, en riqueza y en pobreza, en salud y en enfermedad, hasta que la muerte los separe. Lo que hace única una relación matrimonial es el compromiso. Lo que hace que una relación matrimonial sea maravillosa es el amor, la comprensión y el perdón. En el matrimonio, un hombre y una mujer llegan a ser uno en Cristo y juntos se ayudan el uno al otro a conformarse a Su imagen.

En Mateo 19:3-12 el Señor reprende a los fariseos que habían perdido su compromiso de seguir casados. No querían cometer adulterio ya que eso era un delito capital bajo la ley, así que se estaban divorciando de sus esposas por cualquier insignificante razón (Vea también Mateo 5:31-32). En realidad estaban incrementando el adulterio ya que no tenían base bíblica para el divorcio. Jesús dijo: “Yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio” (vs. 9).

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 17, 2014. Creciendo a Través de Nuestras Relaciones Comprometidas

El proceso de santificación se lleva a cabo en nuestras vidas, principalmente a través de las relaciones con las que nos hemos comprometido, por dos razones. En primer lugar, la gente puede fingir una imagen delante de otros, dando una falsa percepción de lo que son, pero no pueden consistentemente hacerlo en casa. Sus cónyuges e hijos podrán ver la realidad. En segundo lugar, el matrimonio y la familia, así como las relaciones de esclavo y amo eran compromisos para toda la vida. En lugar de huir de la presión de vivir juntos, se supone que debemos seguir comprometidos y crecer. ¿Dónde podemos aprender mejor a amarnos unos a otros, aceptarnos unos a otros, perdonarnos unos a otros, y soportarnos unos a otros? Considere Tito capítulo dos, que comienza con un llamado a la sana doctrina y termina con un llamado a la santidad. Dentro de ese contexto, Pablo habla de la familia y las relaciones sociales, y sigue el mismo orden en los libros de Efesios y Colosenses.

Es sumamente importante distinguir entre lo que somos en Cristo y nuestros papeles de responsabilidad en la vida. Cuando Pablo llevó al esclavo fugitivo Onésimo a Cristo, lo envió de regreso con su amo terrenal. Pablo apeló a Filemón para que recibiera a Onésimo como a un hermano en Cristo. En los tiempos de Cristo, un esclavo era más como un empleado de por vida y a menudo vivía mejor que las personas con oficio, que eran bastante pobres. Onésimo era, ante todo, un hijo de Dios. Ser esclavo era su papel social. Esta distinción se puede ver claramente en Colosenses 3:11 y 22. En el versículo 11 Pablo dice que en Cristo no hay ni esclavo ni libre, a continuación, en el versículo 22 habla sobre el papel de responsabilidad de los esclavos.

La misma verdad se aplica para los esposos y las esposas. Los maridos deben respetar a sus esposas como coherederas con ellos de la gracia de la vida (1 Pedro 3:7). En otras palabras, las esposas cristianas son hijas de Dios en el mismo rango que sus esposos cristianos. Pero ellos no tienen la misma vocación en la vida. En Tito capítulo dos Pablo da instrucciones específicas para los hombres mayores, las mujeres mayores, mujeres jóvenes, hombres jóvenes y esclavos, y luego concluye amonestando a todos a vivir una vida piadosa.

En un sentido general, las epístolas de Pablo se dividen en dos partes. A menudo, la primera mitad es considerada teológica y la segunda mitad, práctica. La tendencia es a saltarse la primera mitad y mirar la segunda mitad para las instrucciones prácticas para la vida diaria. El resultado es una forma sutil de conductismo cristiano. “No debería hacer eso, usted debería hacer esto, o esa no es la mejor manera de hacerlo, aquí hay una mejor manera”.  Los cristianos comprometidos harán su mejor esfuerzo, pero a menudo fallarán o se cansarán de tratar. ¿Por qué esto no funciona? La primera mitad de las Epístolas nos establecen en Cristo. Si podemos hacer que los creyentes se apropien de la primera mitad de las epístolas de Pablo, van a estar firmemente arraigados en Cristo. Entonces serán capaces de vivir de manera sobrenatural, en concordancia con la segunda mitad.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

14 de febrero de 2014. Responsabilidad

Si vamos a vivir una vida justa, tenemos que rendir cuentas a Dios, en primer lugar, y luego los unos a los otros. Todos vamos a dar cuentas a Dios en el futuro, querámoslo o no (2 Corintios 5:10). Es mejor ser honestos con Dios ahora, recibir Su perdón, y vivir en acuerdo moral consciente con Él. “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). Observe que la comunión no es sólo con Dios, sino entre nosotros mismos.

Tenga en cuenta las siguientes cuatro palabras y su orden: autoridad, responsabilidad, validación y aceptación. ¿De qué lado de esa lista inició Jesús su relación con nosotros? ¿En algún momento apeló Jesús a su Condición Divina en los Evangelios para traernos a rendir cuentas? Él hizo todo lo contrario. Primero vino la aceptación. “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Luego vino la validación. “Mas a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Cuando las autoridad exigen rendición de cuentas sin validación y aceptación, nunca la obtienen. La gente rendirá algunas cuentas de sus acciones de mala gana cuando los presionan, pero no compartirán nada íntimo que ocurra en su interior. Pero cuando la gente sabe que son aceptados y validados por las figuras de autoridad,  voluntariamente rendirán cuentas ante ellos. Pablo pudo haber ejercido su autoridad ya que era un apóstol, pero en vez de ello prefirió ser benigno con ellos, ” como cuida una madre con amor a sus propios hijos” (1 Tesalonicenses 2:7). No sólo compartió el evangelio con los tesalonicenses, compartió su propia vida.

Este principio es cierto en nuestros hogares. Cuando los angustiados padres exigen saber dónde han estado sus hijos, probablemente les dirán: “¡Estaba fuera!”. Cuando les preguntan qué estaban haciendo, los hijos les dirán: “¡Nada!”. Nadie va a rendir cuentas abiertamente a los demás a menos que se les garantice su aceptación y validación. Si nos confesamos con Dios, nos perdona y nos limpia (1 Juan 1:9). Este es un tema crítico para la crianza de los hijos, el discipulado y la consejería. Si aquellos a los que estamos tratando de ayudar no pueden compartir de manera íntima con nosotros, entonces no sabremos cómo ayudarlos, y la razón por la que no nos comparten pueden ser nuestras actitudes y acciones.

Aquellos que están luchando por vencer comportamientos adictivos siempre pueden ir a Dios y alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Su proceso de recuperación será ayudado mucho si tienen por lo menos una persona que los aceptará y validará, no importando lo que compartan. Si queremos ser como Cristo, entonces debemos ser capaces de decirle a nuestros hijos, o a aquellos a quienes discipulamos o aconsejamos: “No hay nada que puedas compartir conmigo que por el solo hecho de compartirlo no haga que yo te quiera más”.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 13, 2014. Disciplinarse Uno Mismo Para la Piedad

Muchos ministerios de recuperación y planes de dietas fallan, porque se basan en conceptos de la ley en lugar de la gracia. El sólo tratar de dejar de beber alcohol, consumir drogas, y tomar ciertos alimentos que deseamos, ha demostrado no ser muy exitoso. La abstinencia es más difícil si los que están en autoridad requieren que se coman alimentos y beba vino que estaban prohibidos por Dios, como fue el caso de Daniel (capítulo uno). En lugar de simplemente rebelarse contra el rey y poner al oficial del rey en una situación difícil, Daniel sugirió una alternativa creativa. Como resultado de ello, el oficial no quedó mal, el rey estuvo satisfecho, y Daniel estaba más saludable. La iglesia tiene que ofrecer al mundo secular, la cual basa los méritos en las obras, una alternativa basada en la fe presentada en una bandeja de gracia.

Los programas basados ​​en la fe se centran en la enseñanza de la verdad que nos hace libres. No importa qué tan grave sea la adicción; los verdaderos creyentes siguen siendo hijos de Dios que están vivos en Cristo y muertos al pecado. Los creyentes no son adictos, alcohólicos, ni codependientes, son hijos de Dios, cuya victoria se encuentra en su identidad y posición en Cristo. Es contraproducente etiquetar negativamente la identidad de un cristiano en dificultades. Creer que un alcohólico siempre será un alcohólico, o creer que un pecador siempre será un pecador es una negación del evangelio. Cada creyente nacido de nuevo es una nueva creatura en Cristo. Por otro lado, los que luchan con las adicciones químicas no pueden negar su propio pecado si quieren experimentar la gracia de Dios. Es mucho mejor para los cristianos decir: “Yo soy un hijo de Dios que lucha con el alcohol o las drogas, y estoy ansioso por aprender lo que significa estar vivo y libre en Cristo”.

Disciplinarnos a nosotros mismos para abstenernos de las cosas que son malas para nosotros, no será efectivo, pero disciplinarnos a nosotros mismos para la Piedad será provechoso ahora y por toda la eternidad. “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8). Los justos no se enfocan en lo que no deberían estar haciendo, se centran en lo que son en Cristo y lo que deben estar haciendo. “Pues aunque el justo cae siete veces, se levanta de nuevo” (Proverbios 24:16). Cuando caen, los justos no dicen: “Soy un fracasado sin esperanza que nunca fue realmente llamado a estar en este camino”. Dicen: “Señor, me caí de nuevo. Gracias por tu perdón. Voy a volverme a levantar y aprender a vivir por fe en el poder del Espíritu Santo, para que no tenga que caer de nuevo”. Al igual que Daniel, también tienen alternativas creativas que pueden elegir cuando son tentados a pecar.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 12, 2014. El Pacto de los Vencedores

Yo sé que no puedo salvarme a mí mismo, ni ser libre por mis propios esfuerzos y recursos. Por lo tanto, pongo toda mi confianza y certeza en el Señor y no pongo ninguna confianza en la carne. Cuando sea tentado a vivir mi vida independiente de Dios, declararé que sin Cristo no puedo hacer nada. Sé que la rebelión es como pecado de adivinación, y la insubordinación, como iniquidad e idolatría. Por lo tanto, elijo conscientemente someterme a Dios y resistir al diablo. Me negaré a mí mismo, tomaré mi cruz cada día y seguiré a Jesús. Yo sé que Dios se opone a los soberbios y da gracia a los humildes. Por lo tanto, elijo humillarme ante la poderosa mano de Dios, para que Él me exalte a su debido tiempo. Sé que la ley no es capaz de impartir vida ni darme victoria sobre el pecado. Por lo tanto, por la gracia de Dios, elijo creer que estoy vivo en Cristo y muerto al pecado. Me propongo caminar por fe en el poder del Espíritu Santo. Sé que mis acciones no determinan quién soy, sino lo que soy determina lo que hago. Por lo tanto, elijo creer la verdad de que ahora soy un hijo de Dios, que es incondicionalmente amado y aceptado. Como hijo de Dios, sé que estoy bajo el Nuevo Pacto de la gracia. Por lo tanto, elijo creer que el pecado ya no se enseñorea sobre mí. Estoy espiritualmente vivo y no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Sé que he programado mi mente nocivamente y he utilizado mi cuerpo como un instrumento de injusticia. Por lo tanto, renuncio a todo uso injusto de mi cuerpo. Presento mi cuerpo a Dios como un sacrificio vivo, y me propongo ser transformado por la renovación de mi mente. Sé que mis pensamientos no han sido puros. Por lo tanto, me propongo llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, y a elegir pensar en lo que es verdadero, honorable, justo, puro y amable. Sé que voy a enfrentar muchas pruebas y tribulaciones. Por lo tanto, me comprometo a crecer a través de los tiempos difíciles creyendo que todo lo puedo por medio de Cristo que me fortalece. Sé que es más bienaventurado dar que recibir. Por lo tanto, elijo adoptar la actitud de Cristo, que era no hacer nada por egoísmo o por vanagloria. Con humildad de mente consideraré a los demás como más importantes que yo mismo, y no sólo ver por mis propios intereses personales, sino también por los interés de los demás.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 11, 2014. Venciendo la Adicción

“Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos” (Tito 3:3). Nuestra insensatez es evidente cuando pensamos que podemos superar nuestra esclavitud al pecado mediante esfuerzo humano o por la aplicación estricta de un programa bien intencionado. Ningún programa puede hacer a nadie libre, sólo Cristo puede hacerlo. La clave para vencer cualquier adicción es dejar de estar bajo la ley y entrar a la gracia de Dios. Sólo tratar de dejar de pecar nunca funcionará. Si la abstinencia fuera la solución, entonces Efesios 5:18 diría: No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien ¡dejad de beber! La solución de Pablo es ser llenos del Espíritu Santo. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Antes de venir a Cristo, desarrollamos ciertos patrones de carne como un medio para relacionarnos con los demás, para lidiar con el dolor, para manejar el estrés, y para tratar de tener éxito, o simplemente para sobrevivir. Algunos recurren al alcohol y las drogas. Si se intenta quitarles la sustancia química, se resistirán, porque ese es su medio para sobrellevar la vida. Si la dejan, se convierten en unos miserables “borrachos que no toman”, con necesidades evidentes y muchos conflictos no resueltos. Usar substancias químicas para hacer frente a sus problemas también detiene su desarrollo mental y emocional. Se ocultan sus problemas en vez de poder encontrar soluciones bíblicas a ellos y crecer a través de la crisis.

El primer paso es reconocer que tenemos un problema y venir a Cristo. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:4-5). No cambiamos para poder venir a Cristo. Venimos a Cristo, para poder cambiar. Los que son “esclavos de todo género de pasiones y placeres” necesitan el apoyo de la comunidad cristiana en la cual sus necesidades pueden ser satisfechas a través de su relación con Cristo y Su cuerpo. Por eso, “Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto” (vs. 14). Nuestras necesidades de vida eterna, de identidad, de aceptación, de seguridad, e importancia sólo pueden ser satisfechas en Cristo. En Cristo, no son alcohólicos o adictos, son hijos de Dios.

El siguiente paso es resolver nuestros conflictos personales y espirituales. Para ello, podemos usar los “Pasos Hacia la Libertad en Cristo”. Este proceso nos ayuda a mantener una relación recta con Dios y a resistir la influencia del diablo. Aquellos que luchan con conductas adictivas no tienen paz en sus mentes y están siendo engañados (vs. 3). La eliminación de los pensamientos acusadores, tentadores y blasfemos es necesaria para su recuperación. Necesitan conocer la verdad que los hará libres y ser encaminados en el camino de la santificación. El último paso es estar involucrados en relaciones de confianza y responsabilidad. Tenemos que romper con relaciones y conductas destructivas y empezar a vivir una vida responsable en una comunidad cristiana que nos apoye.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Febrero 10, 2013. Entendiendo la Adicción Química

Algunas personas “se detienen mucho en el vino” (Proverbios 23:30), porque quieren deshacerse de sus inhibiciones para poder irse de fiesta. Otros recurren al alcohol y las drogas como un medio para lidiar con sus problemas. Algunos dependen de las sustancias químicas que les den algo de alivio a su dolor físico y emocional. Sienten dolor, y buscan las píldoras. Se sienten deprimidos, así que hacen algo para alegrarse. Se sienten estresados, así que hacen algo para calmarse. Funcionó antes, así que va a funcionar de nuevo. Se han entrenado a sí mismos para depender de los productos químicos para alegrase, para detener el dolor, para calmar los nervios, y para sentirse bien. Los que usan químicos sienten la emoción de la reacción de inicio y luego se les pasa. Sin embargo, la experiencia eufórica resultante no dura. Cuando los efectos desaparecen, la culpa, el miedo y la vergüenza son cada vez más pronunciados con cada posterior uso. El uso ocasional de productos químicos pronto se convierte en un hábito, un medio para lidiar con las cosas.

Sentirse culpable sobre su comportamiento puede hacer que algunas personas beban subrepticiamente. Debido a la vergüenza, dejan su entorno familiar para beber o usar drogas donde nadie los conoce. Necesitan más y más alcohol, o una mayor dosis de droga para alcanzar el efecto original. Con el hábito viene una mayor tolerancia al fármaco de elección. Un mayor consumo nunca conseguirá alcanzar de nuevo la primera experiencia eufórica. Las bajas se vuelven cada vez más y más bajas, cuando los efectos de la droga desaparecen. La pérdida de control les roba su capacidad de vivir una vida responsable. Los problemas económicos crecen en su lucha por mantener su hábito.

La espiral descendente de la adicción lleva a una mayor inmoralidad y su sentido de valor se desploma. Se perciben a sí mismos como repugnantes. Sus hábitos alimenticios y aseo personales se deterioran, al igual que su estado de salud. La gran mayoría de los consumidores de químicos también son adictos sexuales. Se retraen socialmente, no queriendo que sus debilidades sean vistas. Tienen miedo de ser humillados o expuestos públicamente. Se vuelven paranoicos con las personas que los ven o hablan de ellos. No tienen paz en sus mentes. Los pensamientos condenatorios los persiguen día y noche. Sus mentes piensan cosas confusas (Proverbios 23:33). La única manera de silenciar las voces es seguir bebiendo. Salomón describe el entumecimiento de los que tocan fondo. “Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió; Me azotaron, mas no lo sentí; Cuando despertare, aún lo volveré a buscar” (vs. 35).

Reconocer que se tiene un problema es el primer paso para superar cualquier adicción. Aquellos que piensan que pueden dejar de beber o drogarse sólo pueden demostrárselo a sí mismos al hacerlo. Si usted se da cuenta que no puede parar, entonces usted sabe que necesita un poder superior a usted mismo. En Cristo tenemos poder sobre el pecado y sólo Él tiene la capacidad de satisfacer todas nuestras necesidades.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.