Mayo 29, 2014. El Cinturón de la Verdad

Jesús estaba a punto de ascender al cielo y dejar aquí a sus amados discípulos, a quienes comisionó para ir por todo el mundo, donde el diablo está merodeando buscando a quien devorar. Note la primera preocupación de nuestro Señor en Su oración sumo sacerdotal: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:15-17).

El engaño es el arma más poderosa del diablo, y la Palabra de Dios es nuestra primera línea de defensa, por lo que el cinturón de la verdad es la primera pieza de la armadura de Dios. La mentira es el mecanismo de defensa más común empleado por los incrédulos y, posiblemente, el mayor pecado de los creyentes. Aquellos que tienen algo que ocultar intentarán cubrirlo, y al hacerlo, irán directo a las manos de Satanás, quien es el padre de mentira. Permaneceremos en esclavitud, mientras continuemos creyendo sus mentiras. Algunos no quieren que la verdad se conozca, porque sus obras son malas y no quieren que sean reprendidas (ver Juan 3:20).

El primer paso en cualquier programa de recuperación es enfrentar la verdad y reconocer nuestra necesidad de Dios, el único que tiene el poder para vencer nuestro pecado. Aquellos que se vuelven a Cristo encuentran su refugio en Él, porque Jesús es La verdad (Juan 14:6), el Espíritu Santo es el Espíritu de Verdad (Juan 14:17), y Él nos guiará a toda verdad (Juan 16:13), y esa verdad nos hará libres (Juan 8:32).

Si el diablo lo tentara, usted lo sabría. Si él lo acusara, usted lo sabría. Pero si Satanás lo engañara, usted no lo sabría, porque si lo supiera, dejaría de estar engañado. Es por eso que el engaño es la principal arma del diablo. El hecho de que incluso las personas buenas pueden ser engañadas es evidente en la vida, sin pecado, de Eva, antes de la Caída. Ella fue engañada y creyó una mentira (ver Génesis 3:1-6). La estrategia de Satanás fue el engaño en el Jardín del Edén, y lo será hasta su caída final. “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9). El engaño espiritual probablemente se intensificará en los últimos tiempos, con la venida del falso profeta y el anticristo.

No vencemos al padre de mentira a través de la razón humana o de la investigación científica. Vencemos al engañador por revelación divina. Se nos exhorta a caminar en la luz (ver 1 Juan 1:7) y hablar la verdad en amor (ver Efesios 4:25). Lo único que tenemos que aceptar como cristianos es la verdad. Nunca debemos tenerle miedo a la verdad, porque es un amigo liberador. Por lo tanto, “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos” (Proverbios 3:5-8).

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 28, 2014. Poniéndose la Armadura

El primer objetivo de Satanás es cegar la mente de los incrédulos (ver 2 Corintios 4:3-4). Cuando eso no funciona, su siguiente objetivo es engañar, tentar y acusar a los creyentes. El objetivo de Satanás es “demostrar” que el cristianismo no funciona, que la Palabra de Dios no es verdad, y que nada realmente sucedió cuando nacimos de nuevo. Ya que nuestra lucha es contra las fuerzas espirituales de maldad, tenemos que saber cómo protegernos.

Los occidentales reaccionamos de manera extraña a la idea de que pueda haber demonios presentes, porque no los podemos ver, pero también hay gérmenes presentes, los cuales tampoco podemos ver. Hace aproximadamente 200 años ni siquiera sabíamos que existían los gérmenes. Los médicos no usaban cubrebocas para las cirugías, no esterilizaban su instrumental, no se lavaban las manos antes de una cirugía, ni usaban antibióticos. En consecuencia, una gran cantidad de personas se enfermaban, y la persona promedio moría antes de cumplir los 50 años. Ahora que sabemos que hay gérmenes, ¿qué debemos hacer? Si nos enfocamos en los gérmenes y empezamos a buscarlos en todos lados, nos volveremos hipocondríacos. La respuesta adecuada es vivir una vida sana. Nuestro sistema inmunológico nos protege si conseguimos dormir lo suficiente, hacer ejercicio regularmente y comer una dieta saludable.

¡Hay demonios en este mundo! Por lo tanto, necesitamos vivir una vida recta. Sin embargo, si eso es todo lo que tenemos que hacer, ¿por qué necesitamos siquiera saber acerca de ellos? Por la misma razón por la que necesitamos saber que hay gérmenes. Si no hubiera malos espíritus, no habría ninguna necesidad de ponerse la armadura de Dios, de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, o de mantenerse firme y resistir al enemigo. La ignorancia y la resistencia pasiva dejarán una gran cantidad de personas en esclavitud, enfermas y moribundas (física y espiritualmente).

Cuando nos ponemos toda la armadura de Dios, nos estamos revistiendo del Señor Jesucristo. “Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:12-14).

Sólo somos vulnerables cuando vivimos conforme a la carne, por eso no debemos hacer ninguna provisión para la carne. Satanás no tiene ningún poder sobre Cristo (ver Juan 14:30), y en la medida que nos revestimos de Cristo, el maligno no puede tocarnos (ver 1 Juan 5:18). No hay santuario físico o lugar donde estemos protegidos espiritualmente, y no hay momento en que sea seguro quitarse la armadura de Dios. Nuestro único santuario es nuestra identidad y posición en Cristo (Efesios 6:10).

Ponerse la armadura de Dios requiere la participación activa de nuestra parte. No podemos tomar pasivamente nuestra posición en Cristo. Conforme Pablo describe la armadura de Dios, nos exhorta a “ser fuertes” (Efesios 6:10), “vestirnos” (versículo 11), “estar firmes” (versículo 11), “estar firmes” (versículo 14), “tomar el escudo” (versículo 16), “tomar el yelmo” (versículo 17), “orar” (versículo 18) y “estar alerta” (versículo 18). “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (versículo 13). El propósito de la armadura es evitar la penetración de los ataques, y nos volvemos vulnerables si no asumimos nuestra responsabilidad de mantenernos firmes en nuestra fe.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 27, 2014. San Francisco

Un día, en la Porciúncula [una pequeña iglesia situada en la parte central de Italia], mientras oraba solo en su celda, San Francisco tuvo una visión de que toda la casa estaba rodeada y asediada por demonios. Eran como un gran ejército que rodeaba el lugar, pero ninguno de ellos podía entrar a la casa. Los hermanos eran tan disciplinados y devotos en sus vidas de santidad que los demonios estaban frustrados sin poder encontrar un huésped por medio de quien tuvieran una forma de entrar.

Y aconteció que, pocos días después de la visión de Francisco, uno de los hermanos se sintió ofendido por otro, y comenzó a pensar en su corazón la manera de vengar el menosprecio. Mientras el intrigante hermano ideaba planes para vengarse y albergaba pensamientos malvados, el diablo, hallando una puerta abierta, entró a la Porciúncula sobre sus espaldas.

Francisco, el pastor vigilante de su grey, vio que el lobo había entrado, con la intención de devorar a su pequeña oveja. De inmediato, Francisco llamó al hermano y le pidió que revelara el odio que había causado esta perturbación en su casa. El hermano, asustado de que Francisco sabía lo que había en su corazón, le reveló todo el veneno y la maldad que lo consumía, reconociendo su culpa y pidiendo humildemente perdón.

Al amar a sus ovejas al igual que su Padre, el pastor pronto absolvió al hermano, y de inmediato, en ese momento, delante de él, Francisco vio al diablo huir de su presencia. El hermano regresó al rebaño y el lobo se fue de la casa.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 26, 2014. Limitaciones a la Autoridad Espiritual

Si algo parece estar funcionando, los oportunistas tratarán de aprovecharlo. Tal fue el caso de algunos judíos que al parecer pensaron que podían realizar exorcismos a través de una fórmula mágica o simplemente usando el nombre de Jesús. Los siete hijos de Esceva (un sumo sacerdote judío) estaban haciendo esto (ver Hechos 19:13-14). Para su sorpresa, un hombre demonizado les dio una paliza y salieron huyendo de la casa (vs. 16).

El demonio dijo que conocía a Jesús y Pablo, pero no a los siete hijos de Esceva. El demonio no les dio la paliza. Lo hizo el hombre demonizado. Y fue capaz de dominarlos a causa de la descarga de adrenalina que el espíritu maligno había provocado dentro de él. Es el mismo fenómeno que les da a algunas personas una extraordinaria fuerza para levantar objetos para salvar a otras personas, aunque en estos casos, su fuerza proviene de un espíritu diferente.

Si una persona demonizada pregunta quienes somos, todo lo que tenemos que decir es: Soy un hijo de Dios y no puedes tocarme (ver 1 Juan 5:18). Todos los creyentes, recién convertidos y viejos, tienen la misma autoridad y poder sobre los demonios, aunque los santos maduros pueden conocer mejor la forma de hacerlo. La gente puede salir lastimada cuando hacen mal uso o no entienden el poder y la autoridad que tienen en Cristo. Sólo tenemos la autoridad para hacer la voluntad de Dios. Estamos operando de acuerdo a nuestra vieja naturaleza cuando actuamos independientemente de Dios. En la carne, no somos rivales para los espíritus malignos. Sufriremos derrota si actuamos independientemente de Dios, ¡pero los demonios no son rivales para los que dependen de Dios!

La noticia de los siete hijos recibiendo una paliza por una persona demonizada produjo temor entre la gente, pero afortunadamente se volvieron a Jesús y magnificaron su nombre (ver Hechos 19:17). Muchos de los creyentes confesaron abiertamente sus malas acciones (ver vs. 18). Los que practicaban la brujería trajeron las herramientas de su práctica y las quemaron (ver vs. 19). La palabra del Señor se difundía rápidamente y crecía poderosamente (ver vs. 20). Uno de los principales aspectos del trabajo de evangelización de la Iglesia Primitiva era para liberar a la gente de las influencias demoníacas. Lo cual probablemente pueda de nuevo ser el caso antes de la segunda venida de Cristo.

Es propio de la naturaleza humana ver algo que funciona y tratara de utilizar el método en lugar de comprender los principios detrás del método. No hay un programa, ritual o fórmula que pueda hacer libre a alguien. Quien hace libres a las personas es Cristo, y lo que hace libres a las personas es su respuesta a Dios en arrepentimiento y fe. Si Dios está en ello, casi cualquier programa funcionará. Si Dios no está en ello, entonces ningún programa funcionará, no importa que tan bíblico pueda parecer. Pero si Dios está en ello, entonces un buen programa y estrategia producirán más fruto que un mal programa o estrategia.

Una pareja de misioneros una vez trató de ayudar a un hombre demonizado, pero terminaron siendo atacados. Explicaron: “Dijimos en voz alta que somos hijos de Dios y el maligno no nos puede tocar, pero no funcionó”. El problema fue que lo dijeron a la defensiva con miedo y no en fe con la seguridad que en verdad son hijos de Dios. La Escritura no es un “curita” que se coloque en los lugares dolorosos. La pareja podría haberle dicho confiadamente al hombre demonizado: “Yo sé quién soy en Cristo, y sé que la autoridad y el poder que tengo en Él es mayor que el espíritu desarmado y engañador que te está atormentando”.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

23 de mayo de 2014. Cualidades de la Autoridad Espiritual

Aunque Jesús les dio poder y autoridad sobre los demonios a los 12 discípulos y los envió a proclamar el reino de Dios (ver Lucas 9:1), no pudieron liberar al hijo de un padre que sufría de control demoníaco (ver Lucas 9:37-45). Jesús tuvo que revelarles varias actitudes contrarias al Reino. La primera actitud tiene que ver con su sentido de autosuficiencia. Cuando Jesús se fue con sus discípulos a la ciudad de Betsaida, la multitud los siguió (vs. 10). Se hizo tarde, y los discípulos mostraron preocupación por la gente, por lo que Jesús les dijo: “Dadles vosotros de comer” (vs. 13). Los discípulos cometieron un error común cuando a alguien se le encomienda una tarea humanamente imposible. Miraron sus propios recursos limitados y concluyeron que no se podía hacer.

Jesús tomó lo que tenían y lo multiplicó. Había tanta comida sobrante que cada discípulo tenía una canasta para él (ver Lucas 9:11-17), pero no aprendieron nada de esta experiencia (ver Marcos 6:45-52). Cuando luchaban contra la tormenta en el mar, el Señor pretendía pasarlos de largo (ver vs. 48). La intención de Jesús es pasar de largo o los autosuficientes. Si queremos remar contra las tormentas de la vida, Él nos dejará remar hasta quedar agotados, o podemos invocar el nombre del Señor y depender de Él.

La segunda actitud acerca de la que Jesús les advirtió fue la de avergonzarse de Él y Sus palabras (ver Lucas 9:26). Es fácil imaginar que Jesús pueda avergonzarse de nosotros, pero ¿cómo puede una persona que conoce la verdad avergonzarse de Jesús? Si nos avergonzamos de Jesús, Él se avergonzará de nosotros cuando venga otra vez.

La tercera actitud contraria al Reino es la incredulidad (ver Lucas 9:37-45). Los discípulos no fueron eficaces en ayudar al muchacho poseído por un demonio, porque realmente no creyeron. Jesús implica algo moralmente impuro de parte de ellos, con su reprimenda: “¡Oh generación incrédula y perversa!” (Lucas 9:41). El poder que tenemos en Cristo sólo es eficaz cuando nos arrepentimos y lo creemos.

La cuarta actitud que hizo que los 12 discípulos fueran ineficaces fue el orgullo (ver Lucas 9:46-48). Estaban discutiendo entre ellos sobre quién era el mayor. De acuerdo con Jesús, los más grandes son los que se humillan y vienen a Dios con una fe semejante a la de un niño. Las personas humildes tienen confianza en Dios y no ponen confianza alguna en la carne (ver Filipenses 3:3).

La quinta actitud contraria al Reino es ser controlador celoso (ver Lucas 9:49-50). Podemos estar conduciendo autos diferentes en el reino de Dios, pero todos obtenemos nuestra gasolina de la misma estación. Ninguna persona o ministerio es superior a otro, y lo que Dios nos ha dado debemos compartirlo libremente con otros.

La sexta actitud fue que los discípulos mostraron el ánimo (espíritu) equivocado (ver Lucas 9:51-56). ¿Qué clase de ánimo necesita alguien tener para pedir permiso para usar el poder de Dios para destruir? Puede ser propio de la naturaleza humana tomar represalias en contra los que nos rechazan, pero no es la naturaleza de Dios. Si lo fuera, todos estaríamos condenados.

La séptima actitud contraria al Reino es una falsa confianza (ver Lucas 9:57-58). Es mejor tener unos pocos seguidores que han evaluado el costo y que permanecerán hasta el fin, que tener una multitud que se marcharán antes de que acabe la tarea.

La octava actitud contraria al Reino son las malas excusas (ver Lucas 9:59-62). Jesús nos dice: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (vs. 62).

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 22, 2014. El Otorgamiento de Autoridad y Poder Espirituales

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). En Cristo hemos sido elegidos (vs. 4) y en Él tenemos redención (vs. 7). Nuestra esperanza está en Cristo (vs. 12), y en Él “fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (vs. 13).

El problema es que no siempre reconocemos o entendemos esta extraordinaria herencia que se nos ha dado en Cristo. Como Pablo expresa por todos los creyentes, “no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder [dunameos] para con nosotros los que creemos, según la operación del poder [energeian] de su fuerza [kratous], la cual [ischuos] operó en Cristo, resucitándole de los muertos” (Efesios 1:16-20).

Detrás de la autoridad de Cristo está el mismo poder que lo levantó de entre los muertos y lo sentó a la diestra del Padre. Esa fuente de poder es tan dinámica que Pablo usa cuatro palabras griegas para describirla (ver palabras en cursiva y entre corchetes en el párrafo anterior). Detrás de la resurrección del Señor Jesucristo se encuentra la obra más grande de poder registrada en la Biblia. El mismo poder que resucitó a Jesús de entre los muertos y venció a Satanás está disponible para nosotros como creyentes. Cuando no entendemos y no nos apropiamos de nuestra herencia espiritual, no experimentamos la libertad ni llevamos el fruto que son intrínsecos a nuestra posición en Cristo. Para llevar a cabo nuestra responsabilidad encomendada, tenemos que conocer la autoridad que tenemos en Cristo y el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros.

El alcance de la autoridad de Cristo es “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero” (Efesios 1:21). Compartimos esta misma autoridad, porque estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales (Efesios 2:4-7). No se nos está vivificando en Cristo; ya se nos dio vida en Cristo. No estamos siendo resucitados con Cristo; ya fuimos resucitados con Cristo. En estos momentos estamos junto con Cristo. El trono de Dios es la máxima posición de autoridad del universo, y es desde esta posición de autoridad que llevamos a cabo nuestras encomendadas responsabilidades del Reino.

Antes de Cristo, estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Estábamos “siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2). Pero ahora hemos recibido “las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:7). Su intención es “que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:10-11). Lo último que el diablo quiere que sepa es quien es usted en Cristo, porque él no puede intimidar a un hijo de Dios que sabe que es perdonado, vivificado, lleno de poder y con autoridad para hacer discípulos.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 21, 2014. La Autoridad de Cristo

Satanás había tenido éxito en llenar el corazón de Judas para que traicionara a Cristo (ver Juan 13:2). Fue a los 11 discípulos restantes que Jesús dio la Gran Comisión. Jesús les dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19,20). Nada podría ser más reconfortante que saber que Dios está con nosotros, no importa a dónde vayamos, y que continuará estará estando con nosotros hasta el final de los tiempos.

Sólo hay dos condiciones que deben cumplirse para que la gran comisión se lleve a cabo. En primer lugar, debemos tener poder. Por eso Jesús dijo a sus discípulos: “que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:4,8). Todos aquellos que están llenos del Espíritu Santo tienen el poder para hacer su voluntad.

En segundo lugar, debemos tener la autoridad para hacer la voluntad de Dios. La Gran Comisión sólo puede entenderse a la luz de las palabras previas de Jesús a sus discípulos: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones” (Mateo 28:18-19 LBLA). No se puede dar una responsabilidad sin delegar autoridad. Jesús nunca apeló a Su propia autoridad hasta que tuvo que dar una responsabilidad, a pesar de que Su autoridad había sido reconocida. “La gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:28-29). Si toda autoridad le ha sido dada a Jesús, entonces Satanás no tiene ninguna autoridad sobre ningún creyente. Trágicamente, muchos creyentes no saben de su posición en Cristo, por lo que los espíritus malignos los intimidan fácilmente.

Satanás quiere ser temido, porque quiere ser adorado. Si pensamos que sus atributos son iguales a los atributos de Dios, creeremos que estamos atrapados en una batalla entre dos fuerzas iguales pero opuestas. Cualquier cristiano que crea esto está derrotado. Dios es omnipresente, omnipotente y omnisciente, y Satanás está desarmado (ver Colosenses 2:15). Los hijos de Dios estamos espiritualmente vivos y sentados con Cristo en los lugares celestiales. Somos coherederos con Jesús y tenemos la autoridad para continuar Su obra en la tierra.

Cuando las fuerzas del mal nos enfrentan, podemos decir con confianza que somos hijos de Dios y que el maligno no puede hacernos daño (ver 1 Juan 5:18). Satanás tratará de intimidarnos, y podemos fácilmente permitir que suceda si no conocemos la verdad. Él quiere que respondamos a sus ataques en temor, porque entonces él está en control. Si respondemos con miedo, estamos operando en la carne, lo cual está a su nivel. El temor de cualquier otra cosa que no sea Dios es mutuamente excluyente con la fe en Dios. Hemos perdido el control si empezamos a vociferar y a gritar. La autoridad que tenemos en Cristo no aumenta con el volumen. No es gritándole que logramos que el diablo se vaya. Tomamos nuestro lugar en Cristo y con calma decimos: “¡Soy un hijo de Dios, y no puedes tocarme!”

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 20, 2014. Autoridad y Poder

“Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades” (Lucas 9:1). Jesús envió a estos primeros 12 discípulos en una misión de entrenamiento a proclamar el reino de Dios. Luego Jesús designó a otros 72, y los envió. “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lucas 10:17). Al proclamar el reino de Dios, estos misioneros confrontaron el reino de las tinieblas, y descubrieron que los demonios se les sujetaban en el nombre de Jesús.

Satanás había sufrido otra derrota a manos de estos misioneros itinerantes porque Jesús les había dado autoridad y poder sobre sus emisarios demoníacos. Tuvieron éxito al recuperar parte del terreno que Satanás había capturado. Jesús continuó diciendo: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19). Las serpientes y los escorpiones no son nuestros enemigos; Jesús está aludiendo a Satanás y su jerarquía demoníaca.

La sujeción es un término militar que significa “ponerse bajo”. Autoridad es el derecho de gobernar y poder es la capacidad para gobernar. Como creyentes, tenemos el derecho de gobernar sobre el reino de las tinieblas por nuestra posición en Cristo. También tenemos la capacidad de gobernar por el poder del Espíritu Santo que está en nosotros. Por lo tanto, debemos fortalecernos “en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

Es sumamente importante que entendamos que la autoridad y el poder que poseemos en Cristo son Su poder y autoridad, y que están por encima del reino de las tinieblas. Tenemos el poder y la autoridad para hacer la voluntad de Dios, y nada más. Cada miembro del Cuerpo de Cristo tiene la misma autoridad y poder, porque están basados en nuestra identidad y posición en Cristo, que son iguales para todos los creyentes. Satanás no puede hacer nada acerca de su identidad y posición en Cristo, pero si lo puede engañar para que crea de que no es cierto o que es irrelevante, usted va a vivir como si no lo fuera.

Jesús debió haber visto la necesidad de poner en perspectiva el entusiasmo de Sus discípulos, acerca de su autoridad sobre el reino de las tinieblas. Envalentonados con la victoria, también nosotros podemos fácilmente perder la perspectiva y adoptar un enfoque equivocado. Recuerde que el orgullo precede a la caída. Jesús quiere que sepamos que los demonios se nos sujetan, pero que nuestro gozo viene de conocerle. Nuestro regocijo viene de que somos hijos de Dios. Necesitamos enfocarnos en la solución y no en el problema. Este es un tema constante en el cristianismo. Usted no tiene que saber la mentira; tiene que saber la verdad. Los consejeros se empantanan en un análisis paralizante. Todo el análisis del mundo no hace libre a nadie.

Para mantener nuestra victoria, necesitamos estar centrados en Cristo, no centrados en los demonios. Al hacerlo, no podemos dejar que el diablo establezca la agenda. El demonio ha tenido éxito si es capaz de hacer que le prestemos atención a él y lo que está haciendo en lugar de que fijemos la mirada en Jesús, y prestemos atención a lo que Dios está haciendo. Nunca debemos permitir que los espíritus malignos nos distraigan de nuestra devoción a Cristo (ver 2 Corintios 11:3).

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 19, 2014. Venciendo al Mundo

Nínive era una ciudad mundana que se caracterizaba por la naturaleza atea de su gente. Nahúm comunicó a sus habitantes que Dios “es tardo para la ira” (Nahúm 1:3) y es “fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían” (vs. 7), pero que no tendría por inocente al culpable (vs. 3). Los ninivitas nunca superaron su mundanalidad y fueron condenados.

También podemos dejar que nuestros afectos sean atraídos por el mundo. Por esta razón, se nos advierte, “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15). Como cristianos somos esponsales de Cristo, pero somos tentados a cometer adulterio con el mundo. “¡Oh almas adúlteras!, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

El mundo busca debilitar nuestro amor hacia Cristo, apelando a nuestra vieja naturaleza, que desea vivir de acuerdo con los valores del mundo. La tentación del mundo es satisfacer nuestros placeres y no buscar lo que agrada a Dios. El sistema mundano promueve la autosuficiencia, pero tenemos todos los recursos que necesitamos para resistir estas amenazas. “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).

En la primera oración de este versículo, “vence” está en el tiempo presente. Esto no significa que los creyentes nunca sucumben a la tentación del mundo, sino que la victoria (en lugar de la derrota), por lo general, caracteriza sus vidas. En la segunda oración, “ha vencido” está en tiempo pasado, lo que indica que la acción ha terminado. Esto es consistente con la verdad de que cuando vinimos a Cristo, nos unimos a Aquel que podía decir: “pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). El triunfo de Cristo sobre los poderes del pecado pertenece a todo creyente, quien está vivo en Él.

“¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:5). Juan vuelve al tiempo presente, lo que indica un sentido permanente de vencer, es decir, la experiencia cotidiana de nuestra victoria sobre el mundo, porque estamos vivos en Cristo. Cuando pusimos nuestra fe en Cristo, nos convertimos en vencedores, y seguimos viviendo como vencedores cuando seguimos creyendo que todo lo que Dios dice es verdad. “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido [a los falsos profetas]; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo… Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye” (1 Juan 4:4,6).

Jesús dijo: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mateo 16:26-27). Usted puede almacenar tesoros en la tierra o tesoros en el cielo. Usted sabe que ha vencido al mundo cuando mira hacia adelante, a una recompensa superior que los placeres pasajeros de este mundo.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Mayo 16, 2014. Definición de Mundo

Sofonías predicó la venida del “gran día del Señor” (Sofonías 1:14). Dios tendrá misericordia de Su pueblo, pero el mundo será juzgado (vea Sofonías 3:8) con todas las naciones paganas que hay en él (vea Sofonías 2:1-15). El término “mundo” (del griego kosmos) básicamente significa “orden” o “sistema”. Kosmos puede significar todo el universo creado (vea Hechos 17:24), la tierra (vea Marcos 8:36) y con frecuencia a toda la humanidad (ver Juan 3:16,19), que está bajo el dominio del pecado. En consecuencia, “el mundo” es un término utilizado para hablar del complejo sistema de la humanidad apartada de Dios. Las instituciones, estructuras, valores y costumbres de este mundo son prácticamente paganas.

El carácter moral de este sistema mundial caído es malo y su aversión hacia Dios se puede ver en lo que dijo Jesús a sus discípulos en Juan 15:18-19: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Como cristianos, vivimos en este mundo pero no somos de este mundo. La sabiduría del mundo mira la cruz de Cristo como una locura, y es la antítesis de la sabiduría de Dios (vea 1 Corintios 1:18-24). La naturaleza de este mundo es mala, porque es el dominio del gobierno de Satanás (vea 1 Juan 5:19).

Las verdaderas características del mundo se ven en 1 Juan 2:16: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Los “deseos de la carne” son los deseos pecaminosos de nuestra naturaleza humana caída. Los “deseos de los ojos” se refiere a la búsqueda sólo en el aspecto exterior de las personas o cosas sin ver su valor real. Es el amor a la belleza divorciada del amor de la bondad. Eva vio el fruto prohibido en el Jardín del Edén como “agradable a los ojos” (Génesis 3:6). Acán dijo: “Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé” (Josué 7:21). David vio que Betsabé “era muy hermosa” (2 Samuel 11:2) y pecó gravemente.

El término griego para “jactancia” describe a aquellos que se creen más de sí mismos de lo que justifica la realidad. Esta jactancia vanagloriosa de la vida es lo que impulsa a la humanidad caída a ejercer su propio derecho soberano y decidir la forma de sus vidas. Esta actitud no se limita al fanfarrón. Juan indica que se trata de la actitud de todos aquellos que viven apartados de Dios (vea 1 Juan 2:16). Estas características no son del Padre, sino del mundo. Si Dios no está incluido en lo que somos y lo que hacemos, entonces es del mundo. “No es ésta la sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica” (Santiago 3:15).

Esta manera mundana de pensar es producto de la caída. Dios creó el mundo y bajo Su gobierno soberano debíamos cuidarlo. Todo lo que Dios creó es bueno, pero ahora, “sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.