Julio 30, 2014. Pérdida de Control

Jesús dijo: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31). ¿Con qué bases podría Satanás reclamar este derecho? El contexto indica que el orgullo pudo haber sido lo que motivó la petición de Satanás. “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor” (Lucas 22:24). Dios sacó a Satanás del cielo por su orgullo (ver Isaías 14:12; Lucas 10:18). Satanás estaba exigiendo que Dios le hiciera lo mismo a Pedro.

Observe cómo Jesús respondió a la petición de Satanás: “pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32). Jesús no dijo que Él evitaría que Satanás hiciera lo que quisiera con Pedro. Pedro respondió que estaba dispuesto a morir o ir a la cárcel por Jesús (ver Lucas 22:33). A pesar de su actitud, Jesús dijo que lo negaría tres veces (ver Lucas 22:34), lo cual Pedro hizo más tarde. Pedro había perdido cierto grado de control sobre su vida a causa del orgullo, y Jesús oró por su exitosa recuperación de ello. El diablo no hizo que Pedro lo hiciera, sino que Pedro negó a Jesús porque en su orgullo se hizo vulnerable.

Ningún cristiano puede decir “el diablo me hizo hacerlo”, porque todos somos responsables de nuestras propias actitudes y acciones. Satanás simplemente aprovecha las oportunidades que le damos. Contamos con todos los recursos y la protección que necesitamos para vivir una vida victoriosa en Cristo, pero cuando le dejamos una puerta abierta al diablo al no resistir la tentación, la acusación y el engaño, él entra. No perdemos nuestra salvación, pero ceder terreno al enemigo afectará nuestra victoria diaria.

El ejército que va a la guerra sin preparación sufrirá terribles bajas. Si nosotros como cristianos no aprovechamos nuestra armadura, Satanás no dejará de invadir nuestra ciudadela. Nos tomará cautivos, para hacer su voluntad (ver 2 Timoteo 2:26). El mundo, la carne y el diablo están continuamente en guerra contra la vida del Espíritu en nosotros. Si usamos nuestros cuerpos como instrumentos de iniquidad, permitiremos que el pecado reine en nuestros cuerpos mortales (ver Romanos 6:12-14). Si no somos capaces de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo (ver 2 Corintios 10:5), vamos a terminar siendo engañados. Si no somos capaces de perdonar de corazón, Jesús mismo nos entregará a los verdugos (ver Mateo 18:34-35).

Elegir la verdad, vivir una vida recta y ponerse la armadura de Dios son la responsabilidad individual del creyente. Somos responsables los unos de los otros, pero no los unos por los otros. Si un creyente decide estar en este mundo sin su armadura, dicho creyente sufrirá las consecuencias. Por mucho que eso nos preocupe, aun así no podemos tomar esas decisiones por los demás o asumir su responsabilidad.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 29, 2014. Esclavitud Espiritual

Hay dos razones fundamentales por las que debemos reconocer nuestra vulnerabilidad espiritual. En primer lugar, si adoptamos la actitud de que los cristianos somos de algún modo inmunes a los ataques de Satanás, en realidad nos quedamos indefensos. No habría necesidad de ponernos la armadura de Dios, de estar alertas o de llevar cautivo todo pensamiento. Pablo exhortó a la iglesia de Corinto: “…perdonáis. . . para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:10-11). Los cristianos no son inmunes, son el blanco; y la ignorancia no es “bendita”, sino derrota. Uno puede enterrar la cabeza en la arena como un avestruz, pero eso deja un gran blanco expuesto.

En segundo lugar, si somos ignorantes de nuestra vulnerabilidad espiritual, no podemos diagnosticar correctamente muchos problemas mentales, emocionales e incluso físicos. Y por lo tanto, nos quedamos sin una respuesta completa a ellos. Atribuirle a la carne lo que son actividades de Satanás, es un error común en la iglesia occidental, que sólo conduce a la auto condenación y la derrota. Por otro lado, culpar al diablo por nuestra naturaleza carnal es una pobre excusa y es igual de contraproducente. Tenemos que crucificar la carne, e ir abandonando nuestros patrones en la carne, y resistir al diablo, para que huya de nosotros. Los ataques espirituales no nos dejan poco a poco, ni tampoco ejercemos nuestra autoridad espiritual diciéndole a la carne que se vaya. Tenemos que conocer la naturaleza de nuestro problema con el fin de tener la solución adecuada.

Satanás mantuvo a una “hija de Abraham” (Lucas 13:16) atada durante 18 años. Era una creyente bajo el Antiguo Pacto que estaba adorando a Dios en una sinagoga; una mujer temerosa de Dios que estaba bajo esclavitud espiritual. Tan pronto como Jesús la liberó de la esclavitud espiritual, su problema físico se curó. Este pasaje indica claramente que Satanás puede afectar a una persona físicamente. El veinticinco por ciento de los que Jesús liberó de demonios en el Evangelio de Marcos experimentó sanidad física. Esto no toma en cuenta todas las enfermedades psicosomáticas que se curaron cuando la gente se volvió mental y emocionalmente libre. Obviamente, no todos nuestros problemas físicos son causados por demonios, pero la Escritura deja ver que algunos lo son.

Una de las ilustraciones más interesantes es el “aguijón en la carne” de Pablo. Casi todo cristiano ha oído hablar de él, pero pocos saben lo que es, a pesar de que el pasaje lo dice. “Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee” (2 Corintios 12:7). Un mensajero de Satanás es un demonio. Una vez, una alumna de una universidad cristiana quería “poder que se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9), por lo que oró y pidió un “aguijón en la carne”. Ella comenzó a tener síntomas de esclerosis múltiple e incluso le fue diagnosticada hasta que ella se lo confió a un profesor, que le informó lo que era el “aguijón en la carne”. Cuando renunció a ello, los síntomas desaparecieron.

Santiago enseña que el resultado de ceder a los celos amargos y la contención es una “sabiduría” que es terrenal, animal y diabólica (ver Santiago 3:14-16). En Efesios 4:26-27, Pablo escribe: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”. Al escribir “dar lugar”, Pablo está diciendo que le podemos dar al diablo un lugar en nuestras vidas si no somos capaces de hablar la verdad en amor y ser emocionalmente honestos.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 28, 2014. Posesión Demoníaca

La historia del endemoniado gadareno (ver Marcos 5:1-20) es el peor caso de posesión demoníaca registrado en el Nuevo Testamento. Nadie era capaz de controlar físicamente a este hombre, pero espiritualmente no era rival para Jesús, quien demostró su autoridad sobre los demonios. El término “endemoniado” es la traducción al español de la palabra griega daimonizomai (verbo) o daimonizomenos (participio), que se transcribe mejor como “demonizado”.

Estar “demonizado” o endemoniado significa estar bajo el control de uno o más demonios. El término no aparece en las Epístolas, así que no tenemos forma de saber cómo aplicaría a los creyentes en la presente Era de la Iglesia. Posesión implica propiedad, y sabemos que Satanás y sus demonios no pueden tener o poseer a un cristiano, el cual pertenece a Dios. En este sentido, como cristianos, somos poseídos por el Espíritu Santo. Hemos sido comprados con la sangre del Señor Jesucristo, y le pertenecemos a Él. Pero esto no significa que no seamos vulnerables. Si abrimos la puerta a la influencia de Satanás, él nos invadirá y reclamará sus derechos de propiedad, como los que invaden ilegalmente una casa o terreno. Él se resistirá al desalojo hasta que se le quite la tierra que pisa a través de nuestro arrepentimiento y fe en Dios.

Otra frase griega en los Evangelios es echein daimonion, que significa “tener un demonio”. Los líderes religiosos utilizaron esta frase cuando acusaron a Juan el Bautista y a Jesús de estar endemoniados (ver Lucas 7:33, Juan 7:20). Los fariseos hicieron estas acusaciones porque sabían que el conocimiento sobrenatural de Juan y Jesús tuvo que haber venido a través de algún medio espiritual. Era común en esos días tener conocimiento esotérico dado por demonios a través de agentes humanos (médium y espiritistas). Los fariseos no estuvieron dispuestos a reconocer a Jesús como el Mesías, por lo que erróneamente supusieron que la fuente de su información era de los demonios en lugar de Dios.

Algunas personas usan el argumento teológico de que el Espíritu Santo y un espíritu maligno no pueden coexistir en un cristiano, para afirmar que los cristianos no pueden ser invadidos por demonios. Sin embargo, este argumento no se puede sostener por varias razones. En primer lugar, Satanás es el príncipe de este mundo y el “príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2). Por lo tanto, Satanás y sus demonios están presentes en la atmósfera de este mundo, y también lo está el omnipresente Espíritu Santo, lo cual significa que sí coexisten.

En segundo lugar, Satanás todavía tiene acceso a Dios el Padre en el cielo (ver Apocalipsis 12:10). En tercer lugar, el Espíritu Santo está en unión, en coexistencia con nuestro espíritu humano, y seguramente no consideramos que nuestro espíritu humano sea perfecto. En cuarto lugar, los argumentos espaciales no aplican a la esfera espiritual, porque no hay barreras naturales o límites físicos para los espíritus. Es por esto que no debemos pensar en el edificio de una iglesia como un santuario. Nuestro santuario está “en Cristo”, no en una estructura física hecha por el hombre. En quinto lugar, si estamos prestando atención a un espíritu engañador, la presencia del espíritu no puede ser sólo externa. La batalla está en la mente.

Si fuera cierto que un espíritu maligno y el Espíritu Santo no pueden operar al mismo tiempo y en la misma esfera, no habría necesidad de que la Biblia nos mandara estar alertas y ponernos la armadura de Dios. El propósito de la armadura es detener la penetración, y es para la protección del creyente, no del no creyente.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 25, 2014. Probando a los Espíritus

Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Para dar fruto, necesitamos permanecer en Cristo y caminar por el Espíritu. Juan dijo: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (1 Juan 3:10). Vivir una vida recta, dando fruto y amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos son los rasgos de un verdadero creyente.

Los cristianos saben que Cristo vive en ellos por el Espíritu que Él les dio. Este no es el caso de los falsos profetas, y por eso “no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1). Se necesita tanta madurez espiritual para no creer a todo espíritu, como para creer en el único Dios verdadero. El creyente con discernimiento halla el equilibrio entre la superstición, que cree todo, y la sospecha, que no cree nada.

Los verdaderos profetas son los portavoces del “Espíritu de Dios” (1 Juan 4:2). Los falsos profetas son los portavoces del “espíritu de error” (1 Juan 4:6) o “el espíritu del anticristo” (1 Juan 4:3). Los falsos profetas no tienen problemas con mentir, por eso es que necesitamos poner a prueba el espíritu, no a la persona. “Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios” (1 Juan 4:2).

Juan pudo haber escrito principalmente para corregir las enseñanzas de los gnósticos, pero lo que dijo tiene una aplicación más amplia. La confesión de que Jesús vino en la carne va más allá de reconocer a Jesús como el Mesías; se trata de una profesión pública de fe en Cristo como Señor y Salvador que se dice abiertamente y con valentía. Los espíritus malignos reconocieron a Jesús durante su ministerio público, pero no lo confesaron como Señor. Pablo escribió: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). Los demonios dirán que Jesús es el Señor, pero no dirán que Jesús es su Señor.

Un hombre joven que alguna vez había sido presentado como profeta y que dio mensajes proféticos en las iglesias ahora estaba bajo tratamiento psiquiátrico. Cuando se le preguntó cómo había recibido su “don” profético, dijo, “lo recibí después de que alguien me ayudó a recibir el don de lenguas”. Nosotros no ayudamos a otras personas a recibir dones, Dios los da como Él desea. El hombre estuvo dispuesto a que se probara el don, y mientras hablaba en lenguas se le preguntó al espíritu: “En obediencia a la Escritura, ¿eres tú el Espíritu Santo de Dios?” De pronto una voz vino del hombre joven, diciendo: “Yo soy Él”.

A continuación, se le preguntó al espíritu, “¿Eres tú el Espíritu de Cristo, que vino en carne, fue crucificado y resucitado nuevamente para sentarse a la diestra del Padre?” La respuesta fue: “No, no Él”. ¡Espíritu incorrecto! “Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (1 Juan 4:3). “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error” (1 Juan 4:6).

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 24, 2014. Falsificaciones Dentro de la Iglesia

Los agentes federales que están asignados para descubrir a falsificadores, pasan la mayor parte de su tiempo estudiando el papel moneda verdadero, no el papel moneda falsificado. Entre más familiarizados estén con lo real, más fácil es para ellos detectar la falsificación. De la misma manera, nuestro objetivo es conocer al Señor y comprender Sus caminos. Este es el principal medio por el cual nuestras iglesias pueden detectar falsos profetas y maestros y estar a prueba de sectas. Ser un cristiano con discernimiento, que conoce la verdad, es crítico, porque los falsos profetas y maestros surgirán de entre nosotros e “introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató” (2 Pedro 2:1). Estos siervos de Satanás se disfrazan como ministros de justicia y profesan ser cristianos (2 Corintios 11:15).

El Espíritu Santo trabaja para unir a la Iglesia, pero los falsos profetas y maestros tratan de dividirla. El Espíritu Santo guía a la gente a toda verdad, pero la verdad no está en esta gente. No pueden ser identificados, pidiéndoles que firmen una declaración de fe, porque no tienen ningún problema en mentir. Muchos creyentes seguirán sus prácticas vergonzosas, y la verdad será difamada. Sus seguidores serán cautivados por su apariencia, personalidad, encanto y carisma, pero estos no son los criterios bíblicos por los que podamos validar un ministerio o ministro. Las normas bíblicas son la verdad y la justicia, ambas de las cuales son pervertidas por los falsos maestros.

Pedro identifica dos formas principales en las que podemos identificar falsos profetas y maestros que operan dentro de la Iglesia. En primer lugar, con el tiempo revelarán su inmoralidad, siguiendo el deseo corrupto de su naturaleza pecaminosa (ver 2 Pedro 2:10). Es probable que su inmoralidad no sea fácil de detectar al principio, pero con el tiempo saldrá a la superficie en sus vidas. Son estafadores que trabajan al amparo de la oscuridad, y no quieren que sus obras sean expuestas. En segundo lugar, desprecian la autoridad (ver 2 Pedro 2:10). Tienen un espíritu independiente. No le dan cuentas a nadie, y son críticos de los que están por encima de ellos. Levantan cortinas de humo para mantener la atención lejos de sí mismos, y ponen a todos los demás a la defensiva.

Una vez que han sembrado sus semillas de destrucción en la Iglesia, son difíciles de sacar. Si tratamos de eliminar a los hijos del maligno, es posible que arranquemos a los hijos de Dios con ellos (ver Mateo 13:29). Es por eso que debemos ser muy cuidadosos acerca de los que ordenamos para el servicio en el ministerio o pedimos que sirvan como ancianos y diáconos. Pablo establece los requisitos para el liderazgo cristiano en 1 Timoteo 3:1-13 y Tito 1:5-9, y todos están relacionados con tener un carácter piadoso. Aunque nadie es perfecto, estos son los estándares a los que hemos de aspirar. Las personas deben ser descalificadas si apelan a una norma diferente o dejan de exhibir el fruto del Espíritu. Ser popular, inteligente, rico, influyente, políticamente astuto, talentoso y listo son cualidades que el mundo estima, pero no se incluyen en los requisitos para ser un líder espiritual. Necesitamos acordarnos de buscar la piedad por encima de todo en aquellos que estamos considerando para ocupar posiciones de liderazgo.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 23, 2014. Señales y Prodigios

Jesús hizo muchos milagros durante Su ministerio público, y “por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo” (Hechos 5:12). Que haya una señal o prodigio revela una presencia sobrenatural, pero tal presencia puede no siempre ser Dios. Hablando de los últimos días, Jesús dijo, “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes” (Marcos 13:22-23).

Desde la Caída, los falsos profetas han sido una plaga para el pueblo escogido de Dios y han causado que vaya en pos de otros dioses. Moisés escribió que para que un profeta sea verdadero, lo que dijo que ocurriría deben suceder (ver Deuteronomio 18:20-22). Los profetas debían ser condenados a muerte si hablaban de manera presuntuosa. Sin embargo, ¿qué pasaba con los falsos profetas que realizan señales y prodigios, los cuales vinieron a pasar, pero su mensaje era para seguir a otros dioses? Otra prueba que se menciona en Deuteronomio abordaba esta cuestión.

Esta era una prueba para el pueblo de Dios para saber si lo amaban con todo su corazón y toda su alma (ver Deuteronomio 13:1-3). Estos falsos profetas que fallaban dichas pruebas debían ser apedreados hasta la muerte, y eran los mismos miembros de su familia los que debían llevar a cabo la sentencia de muerte (ver Deuteronomio 13:5-10). O bien la predicción era errónea, o el mensaje estaba mal, pero esto último era lo más ofensivo.

Los falsos profetas podían contaminar a toda una ciudad. En tales situaciones, toda la ciudad debía ser aniquilada (ver Deuteronomio 13:12-15). Obviamente, el mundo no ha seguido esta ley, o un gran número de personas y grupos de personas habrían sido aniquilados. La Iglesia no tiene mandato de apedrear a los falsos profetas, pero estos pasajes del Antiguo Testamento revelan la seriedad con la que debemos tomar la advertencia de que habrán falsos profetas que se “probarán a sí mismos”, con señales y prodigios.

No hay duda de que Satanás y sus demonios pueden realizar señales y prodigios, y no hay duda de que el ocultismo puede funcionar. La verdadera pregunta es si los actos sobrenaturales llevan o no a las personas a acercarse o alejarse del único Dios verdadero. Los médicos charlatanes, chamanes, videntes y practicantes de la Nueva Era pueden caer bajo el influjo de espíritus malignos y dar a conocer información sobre personas y acontecimientos que parece ser exacta. Las personas sin discernimiento pueden ser fácilmente impresionadas por estas percepciones espirituales y suponer que están recibiendo buena dirección espiritual. Cuando las personas sin discernimiento reciben orientación a través del ocultismo, por lo general no saben que están siguiendo a otros dioses.

El nivel de engaño se intensificará antes de que el Señor regrese. En la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses, les advierte que no permitan que nadie los engañe con pensar que el día del Señor ya había llegado. El Señor no volverá hasta que se haya producido un alejamiento de la fe y el hombre de pecado se manifieste (ver 2 Tesalonicenses 2:3). El hombre de pecado es probablemente el Anticristo de Apocalipsis 13, y se proclamará a sí mismo como Dios (ver 2 Tesalonicenses 2:4). “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:8-10).

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 22, 2014. Falsos Profetas y Maestros

Todo verdadero profeta de Dios en el Antiguo Testamento era similar a un evangelista del Nuevo Testamento. El profeta genuino atraía a la gente de vuelta a Dios y Su Palabra, y esta llamada a una vida recta le separaba del falso profeta. Por medio del profeta Jeremías, Dios advirtió a su pueblo a no prestar atención a los falsos profetas que hablaban palabras de aliento a los que despreciaban a Dios (ver Jeremías 23:16-17). Dios dijo que Sus profetas proclamarían Sus palabras a Su pueblo y los haría volverse de sus malos caminos y de sus malas acciones (Jeremías 23:22).

Aquellos que profetizaron mentiras en el nombre de Dios afirmaron haber recibido sus mensajes en sueños, pero sus mensajes eran delirios de sus propias mentes. “El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová” (Jeremías 23:28). Dios había hablado a través de sueños, pero los sueños de los falsos profetas eran como paja que no tenía ningún valor nutricional en absoluto en comparación con el grano de la Palabra de Dios.

La paja es buena para que el ganado se acueste sobre ella, pero el ganado morirá si eso es todo lo que se les da como alimento. Nosotros obtenemos nuestro alimento espiritual de la Palabra de Dios. Si un mensaje profético viniera a su iglesia, no sería reconfortante para aquellos miembros de la iglesia que estuvieran viviendo en pecado. Su Palabra es “como martillo que quebranta la piedra” (Jeremías 23:29). El Espíritu de Dios no va a calmar a su pueblo con un espíritu de complacencia, porque el juicio comienza por la casa de Dios (1 Pedro 4:17). Un mensaje profético debe motivar a la gente a vivir una vida recta, no apaciguarlos en su pecado (ver 1 Corintios 14:24-25).

Dios también está contra aquellos profetas que roban Sus palabras de otros (ver Jeremías 23:30). Es plagio tomar lo que Dios le ha dado a otra persona y usarla como si fuera propio. Dios también está en contra de “los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: Él ha dicho” (Jeremías 23:31). Decir que las palabras de uno son directamente del Señor cuando no lo son es una ofensa a Dios. Manipular a las personas declarando que se tiene una palabra del Señor es abuso espiritual. Que un hombre le diga a una jovencita que Dios le ha dicho que deben casarse es increíblemente manipulador. Si ella erróneamente piensa que él es un hombre de Dios, entonces rechazar el matrimonio es rechazar a Dios. Si Dios quisiera que se casaran, ¿por qué no iba a decírselo a los dos?

Los falsos profetas también pueden tratar de conducir nuestras vidas, dándonos instrucciones específicas para la vida diaria y la toma de decisiones. “Dios me dijo que que debes hacer esto y aquello”, dicen. Los falsos profetas usurpan el papel del Espíritu Santo y funcionan más como un médium que como verdaderos profetas. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Los verdaderos profetas anuncian las palabras de Dios de tal manera que caemos postrados y Le adoramos, y entonces el Espíritu Santo guía a cada uno de los hijos de Dios, y no unos agentes humanos que funcionan como médium entre Dios y Sus hijos.

Dr. Neil

Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 21, 2014. Confrontando el Autoengaño

Satanás nos tienta para que pequemos y nos detiene en nuestro caminar mediante las acusaciones, pero su arma más insidiosa es el engaño, porque no sabemos cuándo estamos siendo engañados. A través del engaño, el padre de mentira ha llevado al mundo entero por un mal camino (ver Apocalipsis 12:9). Es por eso que la verdad nos hace libres y por qué el cinto de la verdad es la primera pieza de nuestra armadura protectora. Jesús oró para que fuéramos guardados del maligno al ser santificados en la verdad de la Palabra de Dios (ver Juan 17:15-17). Santiago nos amonestó para no errar o no ser engañados (ver Santiago 1:16). Hay tres vías principales a través de los cuales podemos ser engañados: (1) por el autoengaño, (2) por los falsos profetas o maestros y (3) por los espíritus engañadores. La Escritura identifica al menos ocho formas en las que podemos engañarnos a nosotros mismos.

En primer lugar, nos engañamos a nosotros mismos si escuchamos la palabra de Dios, pero no la hacemos (ver Santiago 1:22-25). “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). Nos engañamos a nosotros mismo si pensamos que la Biblia es sólo un libro de texto que nos provee de conocimiento. Difícilmente nos daremos cuenta de cuan centrados en nosotros mismos y rectos ante nuestros propios ojos somos, pero otros probablemente verán la hipocresía. Cuando la Biblia es un espejo, nos baja un poco, nos vuelve a levantar, y nos entrena en justicia.

En segundo lugar, nos engañamos a nosotros mismos si decimos que no tenemos pecado (ver 1 Juan 1:8). Tener pecado y ser pecado son dos cosas diferentes. No somos santos sin pecado; somos santos que pecan. Si seguimos diciendo que no hemos hecho nada malo, podemos empezar a creerlo.

En tercer lugar, nos engañamos a nosotros mismos si pensamos que somos algo que no somos (ver Romanos 12:3, Gálatas 6:3). Somos hijos de Dios, por la gracia de Dios, que estamos viviendo nuestras vidas ante Dios. ¡Aquellos que piensan que son especiales no saben que realmente sí lo son!

En cuarto lugar, nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que somos sabios según este siglo (ver 1 Corintios 3:18-19). Profesando ser sabios nos hicimos necios (ver Romanos 1:22). “Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres” (1 Corintios 1:25). Sabiduría es ver la vida desde la perspectiva de Dios, no la nuestra. Algún día veremos plenamente, pero ahora apenas uno de nuestros ojos comienza ligeramente a abrirse. No tenemos ni idea de lo que está pasando alrededor nuestro en el reino espiritual.

En quinto lugar, nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que somos religiosos, pero no refrenamos nuestra lengua (ver Santiago 1:26). Los cristianos llenos del Espíritu muestran dominio propio y sólo usan sus palabras para edificar a otros (ver Efesios 4:29-30). Los que no pueden controlar sus lenguas están negando la ira que tienen dentro.

En sexto lugar, nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que no vamos a cosechar lo que sembramos (ver Gálatas 6:7). Todo lo que pensamos y hacemos tiene consecuencias, y un día daremos cuenta de nuestras palabras y acciones.

En séptimo lugar, nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que los injustos heredarán el reino de Dios (ver 1 Corintios 6:9-10). No podemos defender un estilo de vida pecaminoso y decir que somos cristianos, llamando al pecado algo distinto de lo que es.

En octavo lugar, nos engañamos a nosotros mismos cuando nos asociamos con malas compañías y pensamos que no nos corromperemos (ver 1 Corintios 15:33). El pecado es contagioso. “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 18, 2014. La Apostasía Venidera

El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “La Iglesia es apostólica porque está fundada sobre los apóstoles, de tres maneras: (1) La Iglesia fue y permanece edificada sobre ‘el fundamento de los Apóstoles, testigos escogidos y enviados con una misión por Cristo mismo’; (2) con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la Iglesia guarda y pasa la enseñanza, el ‘buen depósito’, las sanas palabras oídas a los apóstoles; (3) la Iglesia continúa siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles hasta el regreso de Cristo, a través de sus sucesores en el cargo pastoral.

La Iglesia Ortodoxa mantiene la misma sucesión apostólica, pero no reconoce al Papa como supremo (único) pastor. La Iglesia no ha enseñado históricamente que habría más apóstoles que los seleccionados por Cristo durante su ministerio terrenal y, más tarde, el apóstol Pablo. Esa es la posición de los reformadores y la mayoría de las iglesias evangélicas de hoy.

¿Por qué, entonces, algunos cristianos alrededor del mundo identifican a sus líderes como “apóstoles” y “profetas”? Algunos incluso se nombran solos. ¿Tienen los títulos de apóstol y profeta un nuevo significado? ¿Se supone que toda la Iglesia debe aceptar lo que estos apóstoles y profetas dicen con la misma credibilidad que entendemos tiene la Escritura? ¿Son buenas personas que sólo tienen el título equivocado? ¿Están algunos tratando de elevar su estatus, o son falsos apóstoles, profetas y maestros acerca de los cuales la Escritura nos advierte? Jesús dijo: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes” (Mateo 24:24,25). En el segundo siglo Ireneo escribió: “Él juzgará a los falsos profetas, que no han recibido el don de profecía de Dios. No tienen el temor de Dios. En vez de ello, ya sea por vanagloria, o con el fin de obtener alguna ventaja personal (o actuando de alguna otra manera bajo la influencia de un espíritu maligno), pretenden pronunciar profecías, mientras que al mismo tiempo mienten a Dios”.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.

Julio 17, 2014. Traición y Restauración

Muchos cristianos luchan con un profundo sentimiento de desprecio por sí mismos. No se sienten importantes, calificados o buenos para algo. Están paralizados en su testimonio y productividad por sus pensamientos y sentimientos de inferioridad y falta de valía. Las mentiras y acusaciones de Satanás los han dejado dudando de su salvación y amor de Dios. Fueron creados “en Cristo Jesús para buenas obras”, pero esta verdad está siendo inhibida por el acusador. En realidad, son incondicionalmente amados y aceptados por Él. El amor de Dios (ágape) y su aceptación son incondicionales, porque Su amor se basa en quién es Él y no en quiénes somos nosotros o lo bien que nos portemos.

Pedro estaba luchando con pensamientos de condenación y sentimientos de inutilidad porque había traicionado a Cristo tres veces. Su obra, que Dios había preparado para él, había terminado. Había fracasado. Así que volvió a la pesca, pero no estaba pescando nada. Entonces un “extraño” en la orilla dijo: “Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis” (Juan 21:6). Después de pescar 153 peces, de repente se dieron cuenta que era Jesús. Cuando llegaron a tierra, Jesús tenía prendido un fuego para ellos, y dijo: “Venid, comed” (Juan 21:12). ¡Sublime Gracia! Esa fue la tercera vez que Jesús se les había aparecido.

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas [ágape] más que éstos?” Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo [fileo]” (Juan 21:15). Fileo es el amor fraterno, que es más como un afecto natural. Sin embargo, eso era suficientemente bueno, porque pronto el amor (ágape) de Dios estaría dentro de Pedro. Jesús le estaba diciendo: “Si realmente me amas, sal de la barca, vuelve al ministerio y pastorea al rebaño. Yo no te he llamado para ser un pescador, sino un pescador de hombres”.

Usted puede tropezar y caer y permanecer en el suelo escuchando al acusador, o puede levantarse nuevamente y escuchar a Dios. Él está diciendo: “Yo te conozco desde la fundación del mundo. Te he perdonado y creado en Cristo para buenas obras. Estaré contigo hasta el fin del mundo, y nunca te dejaré ni te abandonaré”. Resuélvelo ya, una vez y para siempre.

Lea la siguiente declaración y exprésela verbalmente si está de acuerdo: “Creo en mi corazón que Jesús murió por mis pecados y que Dios lo levantó de los muertos para que yo pueda tener vida eterna. Confieso con mi boca que Jesús es el Señor. Renuncio a cualquier esfuerzo de mi parte para salvarme a mí mismo. Elijo creer que soy salvo por la gracia de Dios por medio de la fe y que ahora soy un hijo de Dios por su gran misericordia. Creo que Dios me ha sacado del reino de las tinieblas y me trasladado al reino de su amado Hijo. Renuncio a las mentiras y acusaciones de Satanás que me roban mi plena certeza de la vida eterna. Elijo tomar cautivo todo pensamiento y someterlo a Cristo. Me pongo el yelmo de la salvación y levanto el escudo de la fe contra los dardos de fuego de Satanás. Me someto a Dios y le pido que me llene de su Espíritu Santo. En el nombre del Señor Jesucristo, le ordeno a Satanás y a todos sus espíritus malignos que se aparten de mí. Yo le pertenezco a Dios por toda la eternidad“.

Dr. Neil
Traducción: Ricardo Gallardo. Ministerio de Libertad en Cristo en México.